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El E.U. de Obama y la Colombia de Uribe

El 23 de mayo del año pasado y durante su campaña electoral, el hoy presidente Obama se reunió con la Fundación Nacional Cubano-Americana en Miami. Después de esta reunión, Obama publicó el documento titulado 'Una Nueva Asociación para las Américas', que cubre los lineamientos de su política exterior en Latinoamérica. En 13 páginas, Obama plantea 1. Libertad y democracia política, 2. Libertad contra el miedo (sobre la seguridad) y 3. Libertad de querer (sobre la pobreza).

Obama se ha caracterizado, desde su campaña electoral, por rodearse de un grupo idóneo de expertos en las materias en las que él tiene que tomar decisiones. Y Obama también se ha caracterizado por cumplir una a una las premisas, no solo promesas, de sus políticas. Obama es un líder de hechos, no de simples palabras.

El primer punto de su nueva Asociación para las Américas parte de la "democracia por casa". Exigir democracia y libertad en los países latinoamericanos acorde con el ejemplo de libertad y democracia de los Estados Unidos. Obama ya acabó con la tortura, reinstauró el hábeas corpus y cerró Guantánamo.  La contraparte para Colombia sería: ¿ya están en la cárcel quienes masacraron todo un partido, la Unión Patriótica? ¿Ya fueron condenados todos los generales que pudieron parar los 'falsos positivos' y nunca lo hicieron? ¿Ya el DAS es una organización independiente de la Presidencia? ¿Ya el presidente Uribe prohibió rotundamente cualquier iniciativa encaminada a su tercera elección? 

El segundo punto incluía el prototipo político con el caso de Cuba, levantar restricciones, pero mantener el embargo como un argumento de negociación, con la intención de levantarlo. Para Colombia se traduciría en sostener el Plan Colombia, pero mantener el TLC como el argumento de presión. El Plan Colombia es un ingenioso diseño estadounidense que va más allá de la lucha contra el narcotráfico y que puede aplicarse tanto en México como en Perú y los países de la triple frontera.

El TLC es de enorme beneficio para Estados Unidos y lograr la ñapa de usar las bases militares colombianas, sin necesidad de invertir en bases estadounidenses ni exponerse abiertamente, es algo fácil de lograr debido al desespero  inigualable que el presidente Uribe le ha dado a un proyecto más lleno de bellas ilusiones que de tangibles beneficios para Colombia. El TLC pone a Colombia casi bajo la tutela de Estados Unidos y esto es algo que la administración Obama quiere pensarlo más de dos veces. ¿Querrá Obama asociarse con un país de ininterrumpida corrupción y permanente crimen, mientras la izquierda brasileña lidera una nación progresista y pujante con acento ecológico? ¿Una asociación más directa con Colombia propulsaría la política bolivariana que apoyan las Farc e interferiría con las políticas de asociación de las Américas desde sus bases, y la del buen vecino?

El tercer punto incluye desarrollo de comunidades, asimilación de reformas criollas, lograr los objetivos de desarrollo del Milenio y apoyar la cancelación de la deuda de Haití, Honduras, Paraguay, Bolivia, Guyana y Santa Lucía. Estos objetivos están en la mira de los países pobres al igual que las reformas del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial, fuera de la nivelación de desarrollo de la región.  La inversión extranjera en Colombia es básicamente la inversión en sus propias empresas, compradas a Colombia. No existe transferencia de tecnología ni excepción de derechos y patentes; es decir, es puro negocio extranjero que le deja solo unos pesos a los accionistas colombianos, pero nada de desarrollo para Colombia. Colombia no está en la situación de Bolivia, pero tampoco en la de Brasil, lo que la pone fuera de la mira táctica de Obama en la región.

Por otro lado, Colombia solo cuenta con el apoyo de Perú, con el que comparte la situación de guerrilla, de Panamá que sigue compromisos con Estados Unidos y uno que otro país del Caribe. Además, Colombia y México son los únicos países de ultraderecha que quedan y se quedan con los mayores problemas de narcotráfico. No existe ninguna posición ventajosa de Colombia. Tampoco existe ningún programa del Gobierno para acabar con cuatro millones de desplazados ni el abandono crónico del campo en educación, salud y desarrollo, ni ningún programa que enfoque la rehabilitación de la infancia y el futuro generacional de Colombia.

Obama viene con la aplanadora combinación de la Doctrina Monroe y el Corolario Roosevelt, y Uribe con la contención de las Farc. Obama le aplicó a Uribe la fórmula: no me llame, yo lo llamo. Lo llamó una vez durante la campaña y después como presidente. El truco de la fórmula es: yo pongo los términos, usted el aguante. Y esta es la antesala que le espera a Colombia en la Quinta Cumbre de las Américas en Puerto España de Trinidad y Tobago. Los 66 puntos de la "Declaración de Compromiso de Puerto España", que se va a firmar este 19 de abril, no son mera coincidencia.


 

José María Rodríguez

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