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Mayo 8 de 2008

¿Qué mató a Castro Caicedo?

Viendo las imágenes televisivas, del descenso del parlamentario José Fernando Castro Caicedo, en brazos de otros parlamentarios y funcionarios, por las escaleras ante las fallas de los ascensores del Edificio Nuevo del Congreso, recordaba otras no tan recientes de afanes más dantescos, cuando cuatro policías en inmediaciones del río Fucha, con las mejores intenciones, recogieron a una persona victima del colapso de un muro por orden judicial, y pese a las lesiones vertebrales lo tomaron de sus brazos y piernas y en medio del caos ante la falta de coordinación cada cual halo para su lado, como queriéndolo descuartizar agravando más las lesiones recibidas.

Afirmaba con razón uno de los instructores de un Curso de Primeros Auxilios, que tome hace tiempo en la Cruz Roja Colombiana, que no hay peor desgracia que tener una eventualidad y caer en manos de personas con la mejor buena voluntad, pero inexpertas en atender emergencias; y esto en muchos casos incluía también a los médicos; recalcaba el experto que salvo que exista un peligro inminente que obligue a mover a la victima, esta debe permanecer en el lugar donde cayó, estabilizarse y solo deberá moverse cuando se cuente con los medios apropiados y sabiendo de antemano a donde y cómo se llevará para evitarle mayores daños.

Es increíble que en el Congreso no exista una Enfermería bien dotada. Supongo que si existió ya la desmantelaron y ahora es espacio de algún parlamentario; también es lastimoso que por lo menos por cada piso, junto a los gabinetes de incendio que debieran funcionar, existiera una camilla, ¿será que se las robaron?

Por norma, deben existir en todo el Congreso, oficinas y entidades oficiales y particulares personas capacitadas en primeros auxilios, brigadistas, que además tengan planes de contingencia que puedan determinar evacuaciones y definir los traslados a sitios cercanos con capacidad de atender las emergencias, es absurdo que ante la carencia de una ambulancia salgan de puerta en puerta buscando asistencia; supongo que le hubiera ido mejor al representante si consultan con un taxista y este les hubiera indicado que cerca están los hospitales del Guavio, de San José, la Clínica Bogotá y, en últimas, la San Pedro Claver; no quiero imaginarme las mociones de orden, las consultas con las bancadas y las votaciones sobre lo que hay que hacer, si se presentará un incendio en el Congreso.

Darán los médicos sus informes sobre las posibles causas de la muerte de Castro Caicedo, insistirán en que su óbito se debió a numerosas complicaciones, pero pocos aceptarán que lo que lo mato fue la absurda negligencia de la "burrocracia"; quiera Dios que la muerte de este ciudadano sirva para que se revisen con rigor y contundencia la calidad del Servicio de Emergencia, tanto del Congreso como los de la ciudad y podamos todos, los anónimos ciudadanos, tener un aliento de tranquilidad ante cualquier emergencia.

Alcalde, ojalá su hermano le cuente de primera mano cómo es de indiferente la ciudad positiva.

Francisco Pardo Téllez

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