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Mayo 8 de 2008

El espejismo de los "biocombustibles"

Los gobiernos no pueden sustituir la producción de alimentos por los nuevos carburantes, sin pensar en los millones de personas que se encuentran en estado de pobreza.

La producción masiva de biocombustibles en nuestro país como en el resto del mundo genera cada vez más dudas acerca de su viabilidad. Aún se desconoce el impacto ambiental y social que pueden ocasionar, no siendo tan reales todos los beneficios que nos tratan de presentar algunos políticos y empresarios.

Si bien es cierto que esta novedosa industria de los biocombustibles se promovió para minimizar los nocivos efectos causados al medio ambiente por la emisión de gases efecto invernadero que producen los combustibles fósiles, estudios recientes han demostrado que el auge de está energía limpia exige una mayor utilización de químicos en los cultivos y suelos.

La acelerada demanda en los mercados de etanol y biodiésel ha producido una expansión agrícola avasallante, que lejos de propender por el bienestar ambiental viene ocasionando mayores emisiones de gases de efecto invernadero que contaminan el aire, el agua y los suelos, provocando desertización y deforestación.

Tampoco la humanidad puede dejar pasar por alto los efectos que la producción de alcoholes carburantes tiene sobre la salud de los humanos. Pruebas realizadas por científicos demuestran que el etanol ataca los tejidos pulmonares y termina reduciendo la capacidad respiratoria de los individuos, lo que posibilita el desarrollo de enfermedades como el asma, padecimientos endocrinos, el cáncer y provoca malformaciones genéticas.

De igual manera, se habla que para la industrialización de los "agrocombustibles" se necesita del cultivo intensivo de materias primas como maíz, caña de azúcar, palma de aceite y soja, utilizados hoy en la cadena alimenticia, lo que repercute en el costo de los alimentos  y puede llegar a debilitar las economías, provocando hambrunas en regiones donde la producción escasamente alcanza para cubrir la demanda de la población.

No podemos dejar de reconocer que importantes  políticos y grupos empresariales le han apostado a la producción de estos combustibles invirtiendo cuantiosas fortunas para consolidar sus economías. Sin embargo, no deja de ser cierto que también se han olvidado por completo de los pequeños agricultores de materias primas, quienes seguirán rezagados en el desarrollo de la expectante "revolución verde", que, aunque busca mitigar los efectos nocivos al medio ambiente, puede también terminar ocasionando una crisis económica, al afianzar el control de la circulación alimentaria en manos de los más poderosos.


Es bueno que hacia adelante se tome en cuenta todos estos posibles inconvenientes a la hora de consolidar en Colombia la idea oficial que se tiene de aprovechar más de 560.000 hectáreas de llanuras y sabanas para producir agricultura industrial que abastezca las futuras plantas de biocombustible y se tomen las prevenciones necesarias que eviten nefastas secuelas para los colombianos.

Además, y siguiendo la lista de las posibles amenazas de los biocombustibles para el ser humano y el planeta Tierra, hay que advertir que en países como el nuestro, donde el conflicto por las tierras es agudo, la desbandada de agricultores a campos productivos propicios para su explotación puede provocar inmigración masiva y desplazamientos forzados inmanejables.
 
Así las cosas, los seres humanos no podemos seguir creyendo que con la puesta en marcha de la producción de nuevos combustibles, obtenidos de materias primas vegetales, la humanidad va a poder salvarse del deterioro ambiental que viene ocasionando el desarrollismo salvaje. Estas son apenas unas soluciones a las que todavía les falta un largo camino por recorrer y centenares de estudios que muestren su viabilidad, antes de poder implementarlas como políticas de Estado.

Es importante reiterar que la industrialización de los biocombustibles, lejos de solidificar la economía mundial y mitigar la crisis del calentamiento global, la puede llegar a profundizar.
"No se puede seguir exprimiendo la naturaleza, sin que después no tengamos que pagar sus consecuencias".

* Senadora de la República

 

Alexandra Moreno Piraquive *

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