
COLUMNA DEL DÍA
'Ansío los Alpes'
Sandro Romero Rey
Suele pasar que, muchas veces, son decepcionantes las reseñas de las obras de teatro, de las películas, de los espectáculos en general. Cuando nos dicen que no nos podemos perder determinado trabajo maestro, vamos, vemos el título recomendado y la sensación suele ser de decepción. Por el contrario, cuando nos advierten que determinada pieza es un desastre total, vamos a regañadientes, vemos el supuesto desastre y resulta que nos parece muy interesante. Y no se trata de un afán por llevar la contraria, tan en boga entre los llamados "espectadores cultos". Se trata de un mecanismo de defensa interno, ya no tan inconsciente, en el que nos ponemos en guardia ante la sobrevaloración o la subvaloración desenfrenadas. Parte de ese prurito aparece en este caso, cuando asumo la condición tan cuestionada -por mí mismo- de crítico. Lo asumiré más como una visión que espera ser refutada por los lectores y obligarlos, de paso, a participar del festival, así sea sólo para contradecirme. Ansío los Alpes; así nacen los lagos, el último montaje de Mapa Teatro, el cual será estrenado en Colombia durante el Festival Iberoamericano de Teatro el próximo 16 de marzo, en su sede de la calle 24 con carrera séptima.
En otras ocasiones se ha reflexionado acerca del estupendo trabajo de los hermanos Heidi, Rolf y Elizabeth Abderhalden y sobraría repetir los aciertos de su trayectoria. Sus aventuras creativas gozan de una gran fanaticada debido a que el viaje que proponen es estimulante, lleno de dicha y de logros plásticos, musicales, de puesta en escena, de dimensión poética. Pero, el caso de Ansío los Alpes, la experiencia es demasiado íntima y, de repente, si confieso cuál fue mi experiencia personal, es muy probable que le dañe viaje al pobre mortal que se acerque a la propuesta de los suizo-colombianos. Puedo decir, sin embargo, que en el montaje hay de todo: video, loops sonoros, voces en off, actores reconocibles (Julio Medina, Julián Díaz), la lisérgica presencia de Heidi Abderhalden sobre la escena y, sobre todo, el espacio, un espacio alucinante, como pocas veces lo habíamos visto en la sede de Mapa. Pero disfruten en carne propia lo que este análisis podría desbaratar o desencantar.
Ansío los Alpes, escrita por Händl Klaus, fue estrenada en septiembre en Suiza en su versión en francés y ahora será estrenada en Colombia en su traducción al español. No se parece a nada y tal vez allí radica parte de su encanto. Al principio, hay voces que se contraponen a mensajes en video, donde la palabra hablada neutraliza la palabra escrita y viceversa, de tal suerte que efecto anula la racionalización: los significantes se devoran los significados. Sus recursos visuales evocan Laughing hole, el performance de la artista española La Ribot el año pasado, quien, durante diez horas, reía mientras pegaba mensajes en las paredes de Mapa Teatro. En Ansío los Alpes, los mensajes son cacofónicos, desprovistos de interpretaciones inmediatas, como los mensajes de los sueños. Después, las imágenes reales se vienen encima detrás de una cortina blanca, sin artificios. Hermosas, extrañas, hipnotizantes, frías, "suizas", si se permite el cliché. Al final, cuando el espectáculo concluye, luego de una hora de duración, partir del centro de Bogotá resulta como alejarse de un planeta extraño, como si no se hubiera estado en el teatro sino vagando en el espacio.
Sí. Es hermoso el viaje que proponen los Abderhalden. Tiene lo que no tienen otras aventuras estéticas vistas en los últimos días: misterio y poesía. Sin embargo, se sale de esta experiencia con un ligero resfrío, como si tanta nieve, tanto blanco y tanta belleza lo dejara a uno sin aliento. Los creadores de De mortibus siguen corriendo el riesgo de aburrirse con las formas convencionales y se proponen aventuras inexploradas. Todo está muy bien, salvo cuando el afán por ser originales termina devorándose lo sublime.
Sandro Romero Rey
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