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La inflación en la mesa

Guillermo Maya M.

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Un nuevo fantasma recorre el mundo: la inflación de alimentos. Los precios de los alimentos, especialmente los cereales, como el trigo y el maíz, subirán tanto a mediano plazo, como a largo plazo. En los doce últimos meses el precio del maíz subió 60% y los del trigo, 50%. A principios de año, la tortilla mexicana sintió el temblor con anticipación, y sus precios se pusieron por las nubes. Se pronostica (Runge & Senauer) que el maíz subirá 20% para el 2010 y 41% para el 2020, la soya, las semillas de girasol y otras semillas 26% y 76%, el trigo 11% y 30%, y la yuca 33% y 135%, respectivamente para los mismos años.

La demanda de alimentos que venía creciendo históricamente al 1,5% por año, ahora crece al 2%, y se espera que crezca al 2,6%, en la próxima década; cambiando la tendencia decreciente de los precios por una tendencia al alza.

Los expertos señalan varios factores que afectarán los precios de los alimentos: el cambio climático; las demandas crecientes de granos por parte de China e India para la alimentación animal, que a su vez arrastrarían los precios del pollo, del cerdo, y los vacunos; y principalmente, la iniciativa de G.W. Bush para los agrocombustibles son los responsables de este fenómeno.

De acuerdo con el panel de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, las zonas tropicales, tanto en África como Asia y América Latina, sufrirán inundaciones más persistentes así como sequías más prolongadas. Por otro lado, en estas zonas, más vulnerables ahora a las plagas agrícolas, que tendrán un ciclo de vida más largo, la productividad agrícola se verá reducida. Especialmente, la zona Subsahariana sería muy vulnerable.

Igualmente, el inusitado crecimiento económico de China e India ha incrementado los ingresos de sus habitantes y, en consecuencia, esto se está convirtiendo en demandas crecientes por cereales y proteínas de origen animal, cerdos, aves y vacunos, que a su vez refuerzan la demanda por cereales.

Los precios del petróleo, al igual que la política agrícola de los países desarrollados, están determinando, en la asignación de los recursos, el arbitraje entre producir alimentos para agrocombustibles o producir alimentos para la gente. En E.U., el costo de un barril de etanol de maíz es de 80 dólares, y con un subsidio de 51 centavos de dólar por galón de etanol que representa un subsidio de 20 dólares por barril, a partir de 60 dólares por barril de petróleo, el etanol se hace atractivo para los inversionistas.

En este sentido, sí las expectativas de los precios altos del petróleo se mantienen, la demanda por tierra para producir etanol seguirá aumentando, como viene pasando, y los precios de la tierra se elevarán como se vienen elevando, entonces los agricultores dejaran de producir maíz, y otros productos, para el consumo humano, y dedicarán las tierras para producir etanol. En E.U., el área sembrada de maíz crece a costa de la soya y del algodón; en Brasil, el área cañera crece a costa de la soya, el maíz y el ganado.

Hasta ahora, el proteccionismo agrícola y la amplia gama de subsidios a los agricultores de los PD han contribuido a crear grandes montañas de alimentos, que estos países han colocado en el mercado mundial a precios de dumping, es decir, por debajo de sus costos. Este proceso ha debilitado, en los países pobres y en los países de medianos ingresos, la existencia de la agricultura, especialmente la agricultura campesina, y ha vulnerado su seguridad alimentaria. En este sentido, los países de ingresos medios y pobres se han convertido en grandes importadores de alimentos, ayer baratos, pero que ante unas expectativas de precios al alza, los más pobres terminarán por pagar, con hambre y miseria, la dependencia a los alimentos importados.

E.U., con su política proteccionista y de subsidios para la producción del etanol maicero, en vez de promover la importación de etanol de caña, está promoviendo, de manera adversa para los intereses de los consumidores en el mundo, la inflación de precios, con su programa de etanol sacado de maíz, cuando de un acre de maíz se obtienen 300-400 galones de etanol, en tierras muy costosas, contra 750 galones/acre en la caña. Sobre los agrocombustibles, hay que agregar que el etanol, producido a partir de maíz, madera y pasto, y el biodiésel, producido a partir de soya y semillas de girasol, requieren más energía por unidad de combustible producido, de acuerdo con David Pimentel, profesor de Cornell U.

Lo anterior sugiere que la mejor manera de usar el maíz es como alimento y no como combustible. ¿Cuál es el plan del gobierno colombiano para enfrentar esta situación, ahora que no habrá alimentos baratos importados con el TLC?

Guillermo Maya M.

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