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País sin médicos: la verdadera crisis

Por: ARTURO ARGUELLO | 7:34 p.m. | 17 de Mayo del 2011

    No deja de sorprenderme la hipocresía con la que algunos congresistas han asumido el mal llamado escándalo de corrupción en la salud. Abren sus ojos con desaprobación y se rasgan las vestiduras como si en enero, mientras debatían el proyecto de la nueva ley de salud, no hubieran desaparecido el artículo que prohibía la "verticalización" en el sistema, una de las tantas razones que permiten los recobros de medicamentos a costos excesivos. ¿Cuánto y a qué partidos o a quiénes tuvieron que aportar las EPS para que ese artículo no fuera incluido en la Ley 1438?

    Pero no quisiera dedicar esta columna a un tema que era evidente para cualquier paciente y que un ministro, un procurador, un fiscal, una Comisión Séptima y un presidente en ocho años, supuestamente, con crisis de salud a bordo, no pudieron detectar. No. Me rehúso a creer tanta inocencia y tan soberana incompetencia y, por ello, dedicaré esta columna a señalar un problema para mí mayor, también de salud, y que tendrá indefectiblemente, si no se actúa de manera inmediata, funestas consecuencias.  

    Señoras, señores: en Colombia se están acabando los médicos generales, los médicos especialistas y las enfermeras.

    El mensaje no es nuevo. En el 2009 se le hizo la advertencia a los entonces ministros de Educación  y de la Protección Social, pero, sin querer ofender y ser despectivo con personas a quienes les guardo una profunda admiración por la comparación que voy a hacer, parece que aparte de ciegos nos salieron sordos. Poco o nada se hizo y dos años después alcanzamos el punto crítico.

    El país tiene un déficit de médicos generales cercano a los 15.000 médicos; una carencia de especialistas que alcanza, incluso, los 300 por especialidad y una necesidad de profesionales en enfermería que se aproxima a los 25.000.

    Y aunque algunos arriesgados que poco conocen de educación en salud y del estado actual de las profesiones de la salud sonríen triunfantes señalando a manera de solución: ¡Que se abran más programas!, temo decirles que el problema es mucho más complejo. Enuncio aquí algunos apartes que no puedo pasar por alto.

    Omitiré las condiciones de contratación de médicos generales por parte de algunas IPS que rayan en la ilegalidad y que están haciendo que muchos médicos se vayan del país e incluso abandonen la práctica de la medicina, pues de ello espero que se encargue la Supersalud, y me concentraré brevemente en médicos especialistas y enfermeras.

    Una de las dos grandes causas de la escasez de especialistas es lo que ha sido denominado como verdaderas mafias médicas. No quisiera caer en generalizaciones, por lo que resaltaré que algunas, no todas, agremiaciones de especialistas, aún sabiendo y conociendo las sentidas necesidades del país, limitan el número de cupos para la formación de nuevos especialistas, con lo que logran controlar, entre unos pocos médicos, la totalidad de lo que tristemente se conoce como el mercado. Es así como permiten educar solo a uno o dos especialistas de manera anual, mientras los pacientes deben esperar hasta tres, cuatro o cinco meses para una cita. Y en este comportamiento, que emula a las mafias italianas, se encuentran cosas inimaginables que van desde familias y favores políticos hasta la venta clandestina de exámenes de admisión a los programas de posgrado, ventas que superan, en ocasiones, los 30 millones de pesos por examen.

    La segunda gran razón por la que nos estamos quedando sin especialistas es porque no hay lugar para formarlos. El sistema de educación superior, que poco sabe de la educación en salud, desconoce por completo las características inherentes a un hospital universitario. Para sorpresa de algunos, a pesar de las costosísimas matrículas que se deben pagar, los especialistas no se forman en las universidades, sino en los hospitales universitarios, que, en todos los países del mundo desarrollado y en vía de desarrollo, no solo no cobran matrícula, sino que le pagan a los médicos en formación. Pero mientras nosotros cerramos hospitales como el San Juan de Dios y dejamos que hospitales como el del Valle caminen presurosos hacia la quiebra porque no reconocemos la importancia de invertir en la formación de los futuros especialistas, el Massachusetts General, el Beth Israel, la Clínica Mayo, los Condes, entre otros, siguen siendo los mejores hospitales del mundo y llevan muy orgullosos y por lo alto su apellido de universitario,  ese apellido que acá tanto despreciamos.

    Además, otras pequeñas pero importantes distracciones nos señalan que mientras en otros países no existen más de 60 diferentes tipos de especialidades, en Colombia duplicamos ese número tranquilamente. O el mundo carece de muchas o nosotros nos las inventamos.

    Todos los caminos conducen a Roma. Señora Alcaldesa (e) o querido Ministerio actualmente acéfalo: la educación en profesiones de la salud requiere una legislación específica, en la que se controlen estas mafias y se fortalezcan esos verdaderos espacios de formación, los hospitales universitarios; una legislación que no promueva una autonomía que, en una inmensa mayoría de los casos, se reduce a la autonomía de cobrar matrícula e inventar bonitos nombres de especializaciones.

    Ahora bien, el caso de las enfermeras es aún mucho más grave. Ya nadie quiere estudiar enfermería. Ya nadie quiere cuidar a los enfermos. Como otrora, esta profesión tan necesaria para la sociedad parece volver a sus inicios, en los que se ejercía por caridad. Cuatro años o más de estudios, dedicación diaria y nocturna al cuidado de los pacientes, desempeño de labores poco agradecidas casi siempre con una sonrisa, escasísimo tiempo de dedicación a sus familias, y todo ello por un irrisorio pago que en ocasiones no supera los dos salarios mínimos.

    La salud no ha afrontado todavía su más grave crisis. Esta que se destapó, en realidad, lleva años sobrellevándola y ahí está el sistema, se mantiene a medias, pero en pie. Mas quiero mencionar que si no se actúa de manera inmediata con respecto al déficit de profesionales de la salud, solucionando los problemas de fondo y no con fruslerías, llegará muy pronto el día en el que nuestras madres, nuestros hijos y nosotros mismos empezaremos a morir porque el médico o la enfermera más cercana está en otro hospital o, tal vez, porque la próxima consulta disponible está a dos años, si no a más.

    Nota: aquellos que le roban a la salud no son ladrones ni corruptos, son asesinos.

@ArturoArguello

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