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¿Por qué no la legalización?

Por: Gustavo de Greiff* | 8:00 p.m. | 22 de Enero del 2011

¿Pero por qué no hablar de legalización como una alternativa? ¿Por qué el 'no' tan rotundo? Preguntas del corresponsal del EL TIEMPO al señor Gil Kerlikowske.

El mal llamado zar antidrogas de los Estados Unidos vino de visita a nuestro país y en EL TIEMPO del domingo pasado se publicó una entrevista en donde expone dos razones, sin mayores explicaciones, contra la posibilidad de legalizar la producción y el comercio de las drogas.

Según él, porque "esto se ha estudiado por muchos años y nadie ha producido un sistema de legalización que puede ser exitosa a cualquier nivel".

¡Qué argumento más endeble! En el campo de la política -y en otros también- jamás se podría avanzar si no se procede a ensayar aun con la posibilidad del error. El hecho de que nadie haya producido un sistema de legalización no debe ser obstáculo para producirlo, si resulta que el sistema opuesto -el de la prohibición- no funciona.

Y es evidente que no funciona: la prohibición no ha elevado el precio de las drogas (especialmente de las tres que constituyen el núcleo del problema: la cocaína, la heroína y la marihuana); ni ha dado lugar a una disminución del número de consumidores; ni la producción se ha rebajado, y cuando en alguna de ellas, la cocaína por ejemplo, se ha registrado alguna baja, ello ha conducido al aumento del consumo de otras sustancias.

No. Si una estrategia no logra los objetivos buscados, lo razonable es cambiarla y, como dijo la Asociación de Abogados del Condado de Nueva York, en octubre del año 1996, "cualquier política que ocasiona más daños que los problemas sociales que se propone solucionar, debe ser revaluada en cuanto a la conveniencia de continuarla".

Y la otra razón esgrimida es que la legalización implicaría tener "otra sustancia alteradora de la realidad [además del tabaco y el alcohol] disponible y en el estante". Y es que acaso esas drogas hoy prohibidas no están disponibles en las pequeñas y grandes ciudades de los países mayores consumidores? Y disponibles después de haber enriquecido a los traficantes y haber corrompido a las autoridades que facilitaron su trasiego y mercadeo.

La legalización, entendida como regulación de la producción y el consumo de las drogas narcotizantes y psicotrópicas mencionadas, acompañada de campañas educativas y de salud pública, disuasorias del consumo, les arruinaría el negocio a los narcotraficantes y a los corruptos.

Aparte de ello, evitaría otros males que la política prohibicionista ha ocasionado, tales como la violencia en calles y barrios bajos, el sostenimiento de guerrillas y grupos paramilitares, y tantos otros familiares a nuestro sufrido país.

Y la posibilidad de un aumento del consumo en un ambiente de legalización puede descartarse como lo demuestra lo ocurrido con la despenalización de algunos consumos en Holanda, Portugal y España, e inclusive en los Estados Unidos, como ha sucedido en algunos de sus estados respecto a la marihuana.

* Ex Fiscal General

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