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La gordura de Higgs

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  Con lágrimas en los ojos, un anciano de traje gris y camisa blanca vio el alumbramiento de la criatura. No era un bebé, o un cachorro, se trataba de una partícula. La noticia llegó a los titulares de todo el mundo y se transmitió en directo por Internet: la partícula de Higgs sí existía, y esto explicaba por qué las partículas tienen masa y cómo se originó el Universo. Ni más ni menos.
 
El científico Peter Higgs reconoció que no creyó estar vivo para presenciar el experimento que le daba la razón, a pesar de que muchos lo hubieran tildado de loco. Incluso Stephen Hawking le apostó 100 dólares a que estaba equivocado. Y Einstein, por más de intentarlo durante décadas, nunca logró llegar a solucionar el enigma.

El acelerador de partículas, construido bajo tierra en la frontera entre Suiza y Francia, luego de cientos de miles de pruebas identificó ese eslabón perdido del origen del Universo: la partícula que habría dotado de masa todos los objetos que hacen parte de nuestro planeta y de las galaxias más lejanas.
 
Mientras el mundo celebraba jubiloso el descubrimiento que podría significarle el premio Nobel de física a Higgs y los comentarios plagaban las redes sociales y los noticieros, una polémica de otro nivel copaba a los comentaristas colombianos: indiferentes al descubrimiento científico, debatían airados el artículo escrito por una modelo, presentadora, locutora, comediante y actriz (fuente: Wikipedia). El acelerador de partículas perdió todo su protagonismo frente al artículo de Alejandra Azcárate y sus 'Siete ventajas de la gordura'.
 
¿Qué hipótesis novedosas propondría Azcárate que habían superado en interés al experimento genovés que halló la partícula originaria del Universo? Eso había que leerlo. Unos clics más tarde apareció el artículo en pantalla. A pesar de que el título auguraba una defensa de los kilitos de más, en realidad se trataba de una burla ofensiva contra las mujeres con sobrepeso.  Las mujeres gordas "se asolean como un sapo boca abajo desparramadas sin tapujos", dispara la periodista.
 
Luego prosigue: "Ojo no con la tiroides sino con la 'mueloides' y sobre todo no olviden que uno gordo se ve lindo solo cuando es bebé". Mientras la comunidad internacional celebraba el gigantesco paso que la ciencia había dado en beneficio del conocimiento, Alejandra Azcárate había sumergido a Colombia en una oleada de ira por su despectivo texto. Pero, ¿quién es ella? En Wikipedia se informa que estudió periodismo en el 'Yeison College' de Boston, institución que no aparece en los resultados de Google.
 
¿Cómo fue posible que ese texto viera la luz? ¿Quién dio el visto bueno a una diatriba contra la gordura en un medio leído por jovencitas vulnerables y en riesgo de caer en desórdenes alimenticios graves como la bulimia y la anorexia? El medio, después de más de 500 comentarios indignados de los lectores, ofreció disculpas. Disculpas por publicar una oda a la violencia contra la mujer. Por publicar un artículo que demuestra lo mucho que le falta a Colombia en materia de respeto a la mujer. El descalabro es apoteósico, no tanto por la ofensa en sí, sino porque se trata de un retroceso en décadas de lucha de las mujeres por sus derechos más elementales. Como, por ejemplo, el derecho a romper esa imagen esquelética que hoy venden las pasarelas. Derecho a comer lo que quieran y a no pasar dos horas de su día encerradas en un gimnasio y otras dos echándose pintura en la cara. Simone de Beauvoir está, sin duda, revolcándose en su tumba.
 
No por ser famoso -famosa- se es buen escritor. Eso quedó muy claro. Ojalá nos esforcemos por superar taras culturales que nos impiden, como en este caso, disfrutar de un gran descubrimiento científico por andar librando batallas que creíamos vencidas hace décadas.
 
@caidadelatorre

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