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El cuerpo de una nación

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La aberración de la violación y asesinato de Rosa Cely me hizo pensar en la cantidad de perversiones que afectan el cuerpo de esta nación. Esas perversiones que desencadenan fenómenos como la violencia intrafamiliar, la prostitución, el abuso sexual y el incremento del embarazo adolescente. ¿Hasta qué punto estamos pensando en la valoración y protección del cuerpo de esta nación, que, al final, es el cuerpo de cada uno de sus ciudadanos?

En mi experiencia actual con jóvenes en riesgo, hay una serie de hechos traumáticos asociados a la vida sexual que inciden en patrones de violencia.

En Cartagena, por ejemplo, en barrios como El Pozón o el Nelson Mandela son alarmantes los múltiples casos de abuso sexual de niños y niñas desde los 3 o los 4 años, lo cual tiene una relación directa con la prostitución infantil de la ciudad.

En Cali, en algunos sectores de Aguablanca, la prostitución ya no solo es física sino virtual, donde niñas menores de edad reciben equipos para grabarse y vender sus imágenes en portales de pornografía en Internet.

En Medellín, en la comuna 8, se ve en las calles a jovencitas de 12 años y más, cada una con 1 o 2 hijos a su lado. Al preguntarles por su maternidad precoz, solo responden que esos niños finalmente son su compañía. El escenario es más desolador al saberse que no tienen planes o sueños para su futuro. Y así siguen las historias a lo largo y ancho de nuestro país, en todos los estratos sociales.

No nos podemos acostumbrar a estos actos, que asesinan no solo el cuerpo sino las esperanzas, la inocencia, desde cada vez más temprana edad, y limitan el proyecto de vida individual y el de la nación. Tenemos que seguir preguntándonos qué hacer cuando las cifras oficiales de abusos sexuales (más de 20.000 en el 2011, según Medicina Legal) solo son un tímido reflejo de la violenta realidad.

Más aún, cuando consideramos el subregistro existente, que se asocia, por un lado, al hecho de ser el victimario, en la mayoría de los casos, un familiar o un conocido de la víctima.

No se trata solo de una campaña, sino de abordar los factores incidentes y las acciones en frentes como el educativo, el cultural, el de comunicaciones y el de infraestructura.

Por ejemplo, hay que examinar el diseño de las viviendas de interés social, cuya distribución espacial facilita acciones de abuso sexual por la falta de privacidad. Y también las diferentes estructuras y dinámicas de las familias actuales, con una tendencia hacia la disfuncionalidad en el manejo de los roles en su interior, con sinnúmero de niños y jóvenes creciendo sin ninguna orientación, con adultos que en ocasiones no ofrecen referentes de norma y autoridad. Por otra parte, la maternidad y la paternidad sin bitácora, que terminan delegando la corresponsabilidad de la formación en Internet, la radio o la televisión o en los amigos.

Rosa Cely nos enfrentó a la realidad del cuerpo que se violenta, se marca y se destruye. El cuerpo es vínculo, relación, memoria, historia, referente, somos con nuestro cuerpo y en él. No podemos parar de preguntarnos: ¿desde qué espacios estamos generando las bases éticas para contribuir a un mayor respeto por nuestro propio cuerpo y por el de los otros, que, al final, es el cuerpo de esta nación?

¿Cómo evitar que muchos cuerpos sigan registrando en la cotidianidad los ultrajes que se ensañaron en Rosa Cely? ¿Cómo abordar el problema tanto desde la justicia y los victimarios, como también, y con el mismo ahínco, desde las omisiones de una sociedad que en muchos espacios de la cotidianidad no cuida el respeto por el cuerpo y su conexión con el desarrollo de sus ciudadanos?

Paula Moreno
Presidenta de la Corporación Manos Visibles
info@manosvisibles.org

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