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¿En qué momento se jodió Colombia?

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El título de un libro publicado por Editorial Oveja Negra en 1990, en el que se recogen artículos de destacadas personalidades sobre la situación del país, nos lleva a reflexionar un poco sobre las causas de la descomposición social que vive Colombia. El tema lo motivan varios hechos que en las últimas semanas han conmocionado a la sociedad colombiana. Como el atentado contra el exministro Fernando Londoño Hoyos. O como el cruel apaleamiento de que fue víctima en el parque Nacional Rosa Elvira Cely. O como el ataque de la guerrilla a una patrulla de la policía en el Caquetá, que no le permitió a una madre dar a luz a su bebé. O como el homicidio del joven universitario Luis Andrés Colmenares en circunstancias que la justicia trata de esclarecer.

¿En qué momento se jodió Colombia? Esta pregunta surge cuando se quiere profundizar en el porqué de la conducta criminal de algunos colombianos que no tienen consideración por la vida humana. Y la respuesta a este interrogante es que Colombia se jodió desde el momento mismo en que los valores se trastrocaron. Plinio Apuleyo Mendoza sostiene, en el libro que lleva el mismo título de este artículo, que este proceso de descomposición social se inició a la 1:05 minutos de la tarde del 9 de abril de 1948, cuando fue asesinado, en Bogotá, Jorge Eliécer Gaitán. En su concepto, esa fue la mecha que encendió la llama de todo lo malo que le pasa a Colombia en materia de tolerancia. Según Apuleyo Mendoza, ese día Juan Roa Sierra prendió el fósforo que originó este incendio que todavía no hemos podido apagar.

La violencia en Colombia viene desde atrás. Se podría decir que desde los tiempos de la independencia. Antes de que el país viviera la Guerra de los Mil Días (1899-1902), el territorio nacional fue sacudido por conflictos internos. Las guerras que se registraron en 1863 y en 1876, de clara inspiración partidista, llenaron de sangre una etapa de nuestra historia. Cuando Aquileo Parra, como presidente, tomó medidas anticlericales, se desató un enfrentamiento en el que la iglesia se unió a los rebeldes para tratar de recuperar sus privilegios. Colombia empezó a joderse desde esos primeros enfrentamientos armados. Los crímenes que en esas épocas se cometieron muestran un país que no había alcanzado la convivencia pacífica.

Colombia se jodió desde que los dos partidos políticos tradicionales desataron esa violencia fraticida que, entre los años 1947 y 1953, dejó más de 300.000 muertos. Fueron los tiempos en que León María Lozano, el personaje de Cóndores no entierran todos los días, la ya clásica novela de Gustavo Álvarez Gardeazábal, se convirtió en un asesino que, defendiendo una causa política, llenó de sangre el Valle del Cauca. La época de las masacres que tenían color político, como la que se vivió en el municipio de El Carmen, en Norte de Santander. O como la que protagonizó Desquite en la vereda La Italia, en el oriente de Caldas, el 5 de agosto de 1963, cuando fueron asesinados 39 trabajadores de obras públicas.

El Frente Nacional garantizó la convivencia pacífica entre los partidos políticos. Superada esa que se llamó violencia partidista, surgieron los grupos guerrilleros que durante casi 50 años han tratado de desestabilizar el país, causando muerte y destrucción. Un mal endémico que está ligado a nuestra historia. La proclamación de la República Independiente de Marquetalia, que permitió el surgimiento, el 27 de mayo de 1964, de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, fue otro punto de partida para que Colombia se jodiera. La Toma de Simacota, el 7 de enero de 1965, primera incursión armada por parte del Ejército de Liberación Nacional, fue un paso más para acrecentar esta guerra que ha dejado regada tanta sangre en todo el territorio nacional.

La violencia generada por las mafias del narcotráfico fue otro ingrediente para que Colombia se jodiera. El paramilitarismo se fortaleció en el país por el apoyo económico de los narcotraficantes. Los métodos de tortura puestos en práctica por estos criminales superaron, por su crueldad, los utilizados por los movimientos insurgentes. Los asesinatos selectivos y las masacres indiscriminadas sembraron terror en los colombianos. Los vínculos de la clase política con estos delincuentes, la apropiación de la tierra por la fuerza de las armas, el reclutamiento de menores de edad para involucrarlos en el conflicto fueron los causantes de esta descomposición social que está arrasando con los valores de una sociedad formada en principios cristianos.

¿Qué se puede pensar cuando se conocen actos salvajes como la violación de una humilde mujer en el parque Nacional? ¿O cuando se revelan informaciones sobre un ataque de la guerrilla en el que una madre no alcanza a dar a luz a su hijo? ¿O cuando se pone una bomba en el capó de un vehículo para atentar contra la vida de un exministro? Estos interrogantes tienen una respuesta: Colombia se jodió como consecuencia del ansia desmedida de poder. Y, además, porque unos colombianos insensatos cambiaron su proyecto de vida y, antes que dedicarse a coadyuvar en la construcción de un país modelo en comportamiento social, se dedicaron a actividades que convirtieron a Colombia en una de las naciones más violentas de América Latina.

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