Las regalías: cumpliendo la promesa de mayor equidad
Por: MAURICIO SANTA MARÍA SALAMANCA |
El Gobierno nacional, desde un principio, dejó muy claros los objetivos centrales de la reforma al régimen de regalías: equidad en la distribución de los ingresos provenientes de la explotación de los recursos naturales. Es decir, el Gobierno y el Congreso consideraron que esta riqueza no es únicamente de los departamentos productores, es de todos los colombianos y, por esto, los impuestos que produce también debe serlo.
El país puede estar tranquilo respecto al cumplimiento de este objetivo. Ahora, todos los municipios y departamentos de Colombia pueden acceder a los recursos de las regalías, bien sea a través de las regalías directas (productores) o de los fondos de desarrollo y compensación regional y el de ciencia y tecnología. Estos recursos son del orden de los siete billones de pesos, a los cuales se suman otros dos billones que se destinarán al ahorro para épocas de escasez y para el fondo pensional de las entidades territoriales. En total son nueve billones de pesos que van a beneficiar a colombianos de todas las regiones este año.
Unas pocas cifras describen con mucha elocuencia este gran logro. Antes, con el sistema anterior, el 80 por ciento de las regalías se lo apropiaba el 17 por ciento de la población. Ahora, ese mismo 80 por ciento beneficiará al 70 por ciento de la población. Los seis departamentos más pobres del país -Chocó, Vichada, Guainía, Vaupés, Cauca y Nariño- recibirán 613.000 millones de pesos adicionales en el 2012, frente al promedio de lo que habían recibido en el periodo 2007-2011. Adicionalmente, el Fondo de Compensación Regional les da asignaciones directas a 1.088 municipios en el 2012, frente a menos de 500 municipios que recibían regalías bajo el esquema anterior.
La nueva distribución permite que los municipios tengan acceso a los recursos de regalías favoreciendo a aquellos de mayores necesidades, es decir, a los más pobres. Claro está, el propósito es aprobar proyectos de impacto regional, en los que se promuevan el crecimiento y desarrollo de las regiones a través de la integración de las entidades territoriales en proyectos comunes. Este, desde el principio, fue el énfasis de la reforma, agrupar a las diferentes entidades territoriales en regiones grandes que ejecuten proyectos de alto impacto sobre el empleo, la pobreza y la competitividad.
Toda Colombia es consciente de que, después de haber invertido más de 50 billones de pesos durante varios años en el régimen anterior, desde 1995 hasta el 2011 no se han visto los resultados. Las razones las conocemos todos: no hubo transparencia en el uso de los recursos y estos no se han utilizado en proyectos de alto impacto. Estos hechos por sí solos, más la equidad, bastan para explicar las bondades de la reforma. Por eso, el nuevo sistema organiza las regiones para priorizar grandes proyectos de desarrollo y, adicionalmente, se promueve la descentralización en el uso y destino de los recursos, pero con transparencia.
Es por esto mismo que se crean los triángulos del buen gobierno (Órganos Colegiados de Administración y Decisión, Ocad). De esta manera, tanto el Gobierno nacional como el departamental y el municipal deberán coordinarse y trabajar en conjunto para utilizar los recursos con transparencia y eficiencia en obras prioritarias.
Es hora de movernos todos para el mismo lado, luchar por este mismo objetivo. No olvidemos la esencia de la Reforma y la oportunidad de desarrollo: la competitividad y equidad que tiene el país por delante. Aprovechémosla.
*Director del Departamento Nacional de Planeación.


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