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Cómplices de sangre

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El mundo se reacomoda permanentemente gracias a las redes sociales, que permiten a quienes viven en dictaduras o monarquías totalitarias descubrir a través de una ventana que hay sitios en la Tierra donde la gente no tiene que soportar sus limitaciones y opresiones. ¡Vaya descubrimiento para ellos! ¡Se puede vivir de otra manera! Este despertar crea levantamientos espontáneos que los gobernantes no saben cómo enfrentar, por lo que terminan conteniéndolos con las armas.

Los abusos contra un pueblo cuya oposición es naciente y débil no pueden frenarse desde dentro. Necesariamente debe contar con apoyo externo, bajo la modalidad de sanciones y presiones de la comunidad internacional. En último caso podría ameritar hasta una intervención militar.

Los gobernantes opresores se indignan cuando encuentran resistencia externa, pues consideran una intromisión a problemas internos, lo que aumenta su furia contra los responsables de poner al país en evidencia, y de destapar, de paso, toda suerte de abusos e injusticias que no se conocían fuera.

Se supone que en temas humanos, de dolor, sufrimiento e injusticias, todas las sociedades y los gobiernos están alineados, mas tristemente no es así. Se entiende que habrá gobiernos que por factores de riesgo geopolítico se marginan de asumir una posición crítica frente a un determinado régimen. Pero es aberrante cuando se antepone el interés comercial y económico al sentimiento y la solidaridad humanos. Eso ya es grotesco.

Es el caso de Rusia y China, que apoyan al presidente sirio Bashar al Asad impidiendo acciones de Occidente mediante su derecho al voto en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. En masacres como la reciente en Hula (centro de Siria), en la que murieron 110 personas (60 niños) y 300 más resultaron heridas, Rusia y China dilatan y diluyen cualquier acción pidiendo una investigación por cada masacre, lo cual es sinónimo de inoperancia, pues implica la conformación y el envío de un grupo de investigadores que nunca se conforma y que nunca se envía. Y que nunca investiga.

Cuando se les encara por apoyar al régimen sirio, aducen que se debe investigar también a la oposición por sus actos violentos contra el gobierno. Rusia y China son cómplices por omisión, al impedir la toma de decisiones en el Consejo de Seguridad, y por acción, al entorpecer la ejecución de  acciones concretas para detener los crímenes que se cometen en territorio sirio.

De otro lado, la China también es culpable al proteger y asistir al brutal régimen militar que aplasta  silenciosamente al paupérrimo pueblo de Corea del Norte, donde fusilan sumariamente a quienes osan protestar por el frío y el hambre que arrasa con aldeas y por el confinamiento de familias a tenebrosos campos de concentración. China sabe lo que sucede, sabe de su miseria y dolor, y no solo no hace nada, sino que no deja que otros actúen. Además, el peligro nuclear que representa Corea del Norte e Irán para el mundo es responsabilidad directa de la China y de Rusia, respectivamente, bien por asesoría o bien por encubrimiento.

Como ejemplo en el entorno doméstico de complicidad en dictaduras está el gobierno de Venezuela, que también abogó por Gadafi y defiende hoy al régimen sirio. Y que mediante el envío de cien mil barriles de petróleo diarios a Cuba, ha prolongado por más de una década la agonía de ese pueblo hambriento, al mantener oxigenado el moribundo régimen de los hermanos Castro.

Lamentablemente, es seguro que nunca se recibirá sanción ni castigo a cuenta de la complicidad por acción u omisión en estos crímenes. Pero la historia no perdona. Mediante un juicioso seguimiento, quedarán debidamente registradas, indeleblemente, las posiciones egoístas de unos que permiten a otros someter impunemente a sus pueblos a la opresión, a la brutalidad y a la muerte.

Rafael Fonnegra Gerléin

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