45 años del fatal incendio de Quibdó
Por: ALEJO RESTREPO MOSQUERA | 9:08 p.m. | 07 de Noviembre del 2011
El pasado 26 de octubre se cumplieron 45 años del fatal incendio que destruyo a la ciudad de Quibdó. Por el efecto devastador de las llamas quedó destruida la infraestructura comercial más importante que tenía la ciudad. Allí quedaron perdidos más de cien años de progreso material del Chocó.
El incendio, en el año de 1966, nos cogió con los calzones abajo, por no tener la ciudad un cuerpo de bomberos. Debido a ello alcanzó los ribetes de catástrofe, lo que despertó la solidaridad de todo el pueblo colombiano y la comunidad internacional. Fue de tal magnitud la tragedia que, incluso, recibimos ayuda del comando de la zona sur del Ejército de los Estados Unidos, en la zona del canal de Panamá, que desplazó varios aviones con ayuda humanitaria a Quibdó.
Esta tragedia comenzó a la una y quince minutos de la madrugada en la casa del comerciante Crescencio Maturana, ubicada en el barrio de la Yesquita. Quedó en ruinas todo lo que había entre las carreras 1a. y 4a. El incendio solo fue dominado a eso de las 7 de la mañana. Posteriormente llegó un equipo de bomberos de la ciudad de Bolívar (Antioquia).
Hay que recordar que en la carrera 1a. residía la élite social, política y económica del Chocó, conformada por comerciantes siriolibaneses, comerciantes nativos y familias de abolengo, quienes vivían en casas de estilo colonial y eran los propietarios de almacenes con mercancías nacionales y extranjeras, ya que para la época el comercio de Quibdó era muy intenso con Cartagena y el extranjero.
En dicha carrera existió el puerto de la confianza, donde se descargaba el combustible que llegaba procedente de Cartagena en planchones. Así mismo había otros puertos de menor importancia, como el platanero, a donde llegaban los productos agrícolas de la región; el puerto carbonero, donde se comercializaba caucho, cacao, pieles, y los puertos de embarque y desembarque de pasajeros de los pueblos vecinos.
Igualmente, a lo ancho y largo de esta gran avenida se levantaban sitios de recreación, como el Teatro Quibdo, donde se exhibían las mejores cintas de la época; heladerías como la Alaska, Andagueda, Salón Colombia y Estrella Roja; el café de Bernardo Uribe; bodegas de víveres, como las de don Epifanio Álvarez Caraballo, Adriano Rivas y Alonso Hincapié; almacenes como La Prendería, el pasaje comercial de don Antún Bechara; los almacenes de don Emilio Bechara y Arnoldo López; el granero Santa Rita y la distribuidora de tejidos Coltejer; y farmacias como la San Francisco, los Chucho y Joaquín Jaramillo, entre otras.
En este entorno estaba la infraestructura gubernamental del Chocó: el palacio de la Gobernación, el Sena, los juzgados superiores y de menores, la inspección de policía, la Caja Nacional de Previsión, el distrito militar 30, la Alcaldía, la Registraduría, la Empresa Nacional de Comunicaciones, el Palacio Nacional, los almacenes del INA, la Auditoría Fiscal, las oficinas de Circulación y Tránsito, el Banco Popular, la Secretaría de Educación e innumerables viviendas suntuosas.
Quibdó ostentaba un gran prestigio nacional por su comercio y su dinámica económica. Era tenida como ciudad comercial e intelectual y sitio privilegiado para la inversión nacional y extranjera, liderazgo que desgraciadamente se perdió con el incendio y que nunca se ha podido recuperar por la absoluta falta de recursos de capital e iniciativa empresarial. Esta oportunidad la han sabido aprovechar los vecinos antioqueños para desplazarnos de la actividad comercial.
Para afrontar esta calamidad, el presidente Carlos Lleras Restrepo expidió la Ley 1a. del 24 de enero de 1967, por la cual se proveía la reconstrucción de las zonas devastadas por el incendio y la ayuda a los damnificados. Al comité de coordinación ciudadana se le encargó la reconstrucción de Quibdó.
En 1970, mediante el Decreto 082, la Corporación para el Desarrollo del Chocó asumió las funciones del comité de acción ciudadana pro remodelación de Quibdo. Dicho entidad fue manejada en sus inicios con criterios gerenciales, lo que generó buenos frutos en bien del Chocó. Después de la Ley 99 de 1993, que le otorgó funciones para el desarrollo sostenible, se convirtió en un fortín burocrático, muy apetecido por los politiqueros de turno, apartada de todos los fines para los cuales fue creada y con muy poca incidencia en el desarrollo del Chocó y de la vigilancia de nuestro patrimonio ambiental.
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