¿Puede ser China un socio más fiable para América Latina?

¿Puede ser China un socio más fiable para América Latina?

La gira del presidente chino Xi Jinping a América Latina enfatiza el compromiso que su país guarda hacia la globalización.

21 de noviembre 2016 , 01:28 a.m.

El presidente Xi Jinping visita América Latina por tercera vez desde el 2013. Sin lugar a dudas, la frecuencia y el alto nivel de estas visitas demuestran la prioridad que China otorga a la región en su agenda diplomática. La gira que en esta ocasión llevará a Xi a Ecuador, Perú y Chile indica también el interés del país asiático en seguir diversificando su intercambio económico con la región.

En contraste con la reciente elección de Trump en Estados Unidos y la creciente incertidumbre que supone la apertura de un cambiante orden internacional, la visita de Xi Jinping a América Latina enfatiza el compromiso que su país guarda hacia la globalización. Sus recientes iniciativas internacionales, como la creación del Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (AIIB) y del Nuevo Banco de Desarrollo con los países Brics, atestiguan su esfuerzo de integración global con el mundo. América Latina no se aleja de ese esfuerzo, como se puede ver con el anuncio del establecimiento del primer banco de pagos en renminbi en Chile para promover el uso de la moneda china en la región. La creciente posición internacional de China tendría que generar confianza en los países de la región, la cual debería motivarlos a dedicar mayores esfuerzos a mejorar los términos de intercambio birregionales.

La transformación de China en una economía innovadora y basada en el consumo interno ofrece oportunidades interesantes para hacerlo. Su desaceleración económica, inherente a ese proceso de reestructuración, ya está afectando a América Latina. Mientras que el comercio en las últimas décadas se disparó a tasas de dos dígitos, en el 2014 las exportaciones de la región a China disminuyeron por primera vez en este siglo. En ese año, el valor de las exportaciones a China se redujo en un 10 %, lo cual refleja su menor apetito por las materias primas de la región. Hasta ahora, la cesta de exportación de América Latina a China no ha sido muy sofisticada. En el 2013, por ejemplo, los commodities representaron el 73 % de las exportaciones de la región a la potencia asiática, frente al 41 % de sus ventas al mundo.

No obstante, los cambios estructurales en ese país están impulsando la IED china a niveles históricos, así como las transferencias industriales de sus empresas al extranjero. De hecho, en el 2014, China se convirtió en un exportador neto de capital. Por tanto, la “nueva norma” de la economía china podría revertir los lazos interindustriales que han prevalecido con América Latina. Ello implica fortalecer los vínculos entre el comercio y la inversión mediante la integración de sus cadenas de valor. A pesar de que la participación de América Latina en el valor agregado extranjero de la demanda final china aún es baja, su aumento es prometedor. Según un estudio de CAF Banco de Desarrollo de América Latina, la OECD y la Cepal, su participación se incrementó del 2 % en el 2011 al 6 % en el 2014. En comparación, Asia, como la principal fuente de origen del valor agregado importado en la demanda final china, contó con una participación del 37 % en el 2011. La agricultura y los servicios tendrían gran potencial, especialmente porque la reestructuración económica china genera oportunidades para el valor agregado latinoamericano en el consumo final chino en estos sectores.

Sin embargo, para poder desencadenar el potencial de la relación, China y América Latina tienen que dedicar mayores esfuerzos a mejorar sus interacciones y entendimiento mutuo. De lo contrario, será muy difícil implementar los diversos instrumentos de cooperación, incluidos las plataformas y vehículos de financiamiento, por unos 50.000 millones de dólares, creados en los últimos años. Por tanto, el establecimiento de fondos técnicos, a nivel bilateral y regional, serían útiles para promover el intercambio de experiencias de desarrollo en temas muy específicos, tales como políticas de desarrollo productivo. Así se podrían identificar sinergias y marcos regulatorios que podrían ayudar a integrar las cadenas de valor de China y la región. Un fondo técnico de esa naturaleza podría, a la vez, facilitar estudios de factibilidad para el desarrollo de proyectos que, desde un principio, conciban asociaciones multisectoriales para garantizar su sostenibilidad y viabilidad.

Además, en el marco de los fondos existentes, China y América Latina también podrían establecer fondos conjuntos bilaterales para alcanzar resultados prácticos de su cooperación. Con ese propósito, podrían invitar a organizaciones multilaterales y regionales a participar en estos vehículos, para elevar su sofisticación. De esta forma, empalmarían más recursos y más know-how para financiar su cooperación para el desarrollo.

En ese sentido, el Fondo China-México, con un capital de 1.200 millones de dólares y administrado por el IFC Asset Management Company, podría servir como punto de referencia de los diferentes e innovadores esquemas que se constituirían para apoyar proyectos de infraestructura, minería y energía. Un fondo más ambicioso, el Fondo de Inversión para la Cooperación en Capacidad Productiva China-América Latina, busca financiar también proyectos en estos ámbitos. Dada la enorme brecha de infraestructura en la región, este tipo de fondos podría proporcionar las vías y la logística para elevar la calidad del comercio e inversiones. Sin embargo, para optimizar su uso se podría seguir explorando mecanismos bilaterales y/o subregionales que permitan implementar programas de innovación y cooperación industrial.

Aunque para poder aprovechar la internacionalización de China, es necesario que la región reconozca ante todo la naturaleza de la Cooperación Sur-Sur con ese país e invierta por su parte en la relación. Siendo más activos en la agenda con China, América Latina podría formular y sugerir formatos de cooperación más afines a sus necesidades y condiciones de desarrollo. Asimismo con recursos, tanto humanos como financieros, sobre la mesa, los países latinoamericanos podrían afianzar su poder de negociación frente a China. Con un diálogo constructivo en marcha, China y la región podrían no solo multiplicar los beneficios de la continua integración de sus economías, sino abrirlas a nuevos nichos y habilidades que coadyuven a afianzar la competitividad y el desarrollo sustentable de sus países.

GINA CABALLERO
Ejecutiva principal, CAF Banco de Desarrollo de América Latina. Especialista en China, con más de 10 años de experiencia en las relaciones chino-latinoamericanas.

Columnistas

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