¡Muchas banderas para celebrar!

¡Muchas banderas para celebrar!

Invito a que madruguemos a izar las banderas y a que salgamos a pitar y a marchar mirando al frente, al futuro, felices, orgullosos y esperanzados, en actitud de celebración por la oportunidad que tenemos entre manos.

18 de septiembre 2016 , 03:00 a.m.

Ayer amanecí furiosa con la parquedad: con la dificultad para expresar la felicidad, la esperanza, la ilusión y el optimismo que sentimos muchos frente a la oportunidad que tenemos de que este país, con el esfuerzo de todos, vuelva a vivir en paz; con el temor que sentimos de celebrar la posibilidad más grande de la historia de muchos, incierta pero grandiosa; con la lealtad al legado de que “no se le note la dicha” por tener algo grande entre manos. No. ¡Ayer amanecí con ganas de que se me note! Que se sepa que estoy feliz, ilusionada y esperanzada con esta oportunidad de pasar la página, y de empezar a escribir, entre todos, un capítulo nuevo para este país, para mis hijos y para todos los que vienen detrás.

Yo ya perdí la cuenta del número de marchas en las que participé vestida de blanco, mirando al piso adolorida por los que habían muerto, o clamando al cielo enardecida con un No a las Farc, No al secuestro y Sí al derecho a la verdad, la justicia y la reparación integral. Y tengo grabadas las imágenes con las que registraron los medios marchas multitudinarias que sumaban varios millones de personas en distintas ciudades y de colombianos en el exterior, en esta misma actitud, solidariamente adoloridas y enardecidas. Con ellas, con estas imágenes, el mundo entero supo de nuestra indignación y de la forma como nuestra “pobre Colombia” se estaba desangrando en medio de la guerra.

Cuál no sería mi sorpresa entonces, conmigo misma ante todo, cuando el pasado 24 de agosto, fecha en la que quedaron listos los acuerdos entre el Gobierno y las Farc para el fin del conflicto armado, después de cuatro largos años de negociaciones que parecieron tantas veces interminables; o el siguiente 29 de agosto, fecha en la que se dio inicio al cese del fuego bilateral, ni yo ni nadie salió a la calle con bandera alguna, tricolor o blanca, a pitar para celebrar, como sí sabemos hacerlo cuando ganan Millonarios o el Santa Fe, el Cali o el América, el Nacional o el Independiente Medellín, la Selección Colombia, Nairo Quintana, Mariana Pajón y tantos otros.

En cada una de esas fechas, asombrada, me pregunté ¿por qué? Pero solo ayer me movieron la Inconformidad y la Furia, y esta vez, con letras mayúsculas, otra vez, me pregunté a mí misma y a mis interlocutores más cercanos, ¿POR QUÉ? Y a esas alturas ya no estuve dispuesta a seguirme cayendo tan mal; tan pésimamente mal por parca, por incapaz de celebrar lo grande aun habiéndolo reconocido; por pasiva, por esperar siempre la iniciativa de otro para seguirla; por cobarde, por subestimar la capacidad que tengo de ser respetuosa ante la diferencia y argumentar entonces el temor de provocar a los que están a favor del No en el plebiscito. Y entonces no pude hacer nada distinto que decirme a mí misma: “No. En estas circunstancias que invitan a la grandeza, ¡ni parca, ni pasiva, ni cobarde!”.

A todos los que como yo piensen que esta oportunidad amerita que hagamos gala del valor de arriesgarnos y de hacer una apuesta por que la paz sí va a ser posible en este país, repito, con el concurso de todos, los invito a que el próximo 26 de septiembre, fecha en la que se firmará en Cartagena el acuerdo para el fin del conflicto armado entre el Gobierno de Colombia y las Farc: madruguemos a izar el tricolor patrio y banderas blancas por todo el territorio nacional, en casas, oficinas y campamentos de concentración de las Farc; y a que salgamos a pitar y a marchar vestidos de blanco, ya no mirando al piso, compungidos, sino mirando al frente, adelante, al futuro, felices, orgullosos y esperanzados, en actitud de celebración por la oportunidad que tenemos entre manos. Que los medios registren la más multitudinaria de las marchas, y que el mundo entero sepa que sí, que estamos contentos; contentos todos de arriesgarnos y de apostar por que en este país, con el concurso de todos, ¡la paz sí puede ser posible!

MARCELA RESTREPO M.

Columnistas

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