El tercer bando

El tercer bando

Votaremos por nosotros mismos y por los que vienen. La guerra es un negocio y no estamos dispuestos a seguir financiando más esa vagabundería.

10 de agosto 2016 , 08:21 p.m.

A los que creen en una izquierda armada idealizada, en unos jóvenes que se fueron a la selva en busca de ciertos ideales sociales, hay que recordarles los atentados en los pueblos de Colombia con tanques de gas, los secuestros, las torturas, las vacunas a los ganaderos y cultivadores, los campos de concentración con seres hambrientos y famélicos encerrados allí durante años, el reclutamiento de menores, las toneladas de coca exportadas y los millones de dólares ganados en un negocio vil que nos ha costado a los colombianos miles de vidas valiosas. Los ideales se perdieron en el largo camino del enriquecimiento ilícito, el bandolerismo y la matonería.

Por el otro lado, a los defensores del establecimiento militar y político hay que recordarles también que el narcotráfico infiltró las campañas políticas desde los años setenta, condujo a Pablo Escobar al Congreso de la República, compró políticos por todo el país y se asoció con uniformados de todos los rangos para fortalecer su negocio. Hay militares implicados en varios de los asesinatos de figuras públicas, muchos eran socios y compinches de los paramilitares en las masacres y genocidios, y no hay que olvidar que exterminaron a todo un partido político: la UP.

Incluso, cuando se investigó hasta dónde penetraba el dinero de los carteles, se llegó al mismo ministro de Defensa (Fernando Botero Zea) y a la Casa de Nariño. Cuando Joe Toft dijo que Colombia era una narcodemocracia lo atacaron, lo insultaron, lo amenazaron, pero años después, cuando teníamos a la mitad del Congreso en la cárcel por los juicios de la ‘parapolítica’, nos tocó reconocer que tenía razón.

Pero hay un tercer bando en esta historia, el más importante: nosotros, la sociedad civil. Los que hemos madrugado a trabajar durante todos estos años, los que hemos pagado impuestos, los que no hemos expropiado campesinos ni amenazado a nadie, los que hemos sostenido el país sobre los hombros con orgullo y tenacidad, los que no andamos con el revólver al cinto, los que hemos salido a votar en conciencia. No deberíamos permitir que los combatientes nos intimiden. No deberíamos defender a ninguno de ellos.

A nosotros nos interesa que se firme la paz por una simple y sencilla razón: porque tenemos derecho a que todo ese dinero que se ha invertido en la guerra empiece a pasar a manos de nuestros hijos y nietos en forma de becas estudiantiles, maestrías y doctorados en el extranjero. No deberíamos identificarnos con ninguno de los combatientes, sino presionarlos para que firmen los acuerdos, los respeten y nos permitan construir hacia adelante una sociedad inteligente y creativa.

Queremos que nuestros impuestos no se vayan en armas y tanques, sino en infraestructura vial, en creación de empresas, en presupuesto para investigaciones en todas las áreas del conocimiento. Necesitamos que las nuevas generaciones puedan soñar y pensar más allá de todos los horrores que nos tocaron a nosotros.

No votaremos en el plebiscito para defender a ningún individuo armado, sino que votaremos por nosotros mismos y por los que vienen, porque estamos listos para demostrarle a la comunidad internacional de qué somos capaces a nivel de ciencia, tecnología, industria, artes, humanidades y deportes. La guerra es un negocio y no estamos dispuestos a seguir financiando más esa vagabundería.


Mario Mendoza

Columnistas

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