Cerrar

  • LG
  • Grupo Planeta
  • Aerorepublica
  • Movistar

Publicidad

ElTIEMPO.COM

Columnistas

Patrocinado por:
Óscar Collazos

RSS

Benedetti

Desde la muerte de Pablo Neruda (1904-1973) no se conocía en América Latina tanta pena y fervor. No creo que Uruguay haya conocido en la historia cultural del último siglo la rara identificación del país con la obra de un escritor. Esa identificación la produjo el fallecimiento de Mario Benedetti (1920-2009).

No era, seguramente, el más grande de los escritores uruguayos. El inagotable y escéptico Juan Carlos Onetti (1908-1994) y su predecesor, Felisberto Hernández (1902-1963), volaron más alto y con mayor densidad en la literatura de su país y de América Latina. El mismo Benedetti habría aceptado que, detrás de él, en generaciones sucesivas, se elevaban las obras de Hernández y Onetti y la gran poesía de su contemporánea Idea Vilariño.
La popularidad de Benedetti recordaba a veces la gloria que disfrutó en vida Juana de Ibarbourou, esa 'Juana de América' que despertó la unanimidad de grandes como Alfonso Reyes. Tal vez Herrera y Reissig haya gozado de igual fervor, algo que era común entre los modernistas, con Rubén Darío a la cabeza, en el tránsito del siglo XIX al XX.

Es curioso que a Benedetti no lo hayan sentado nunca en uno de los sillones vacíos del boom de la novela latinoamericana de los años 60 y 70. Cuando lo conocí, en enero de 1969, me concedió el inmerecido privilegio de remplazarlo durante dos años en la dirección del Centro de Investigaciones Literarias de Casa de las Américas, de La Habana.

En ese entonces, Mario se situaba en los extramuros del boom, aunque sus cuentos de Montevideanos y sus novelas La tregua y Gracias por el fuego podrían haber estado muy cerca de las que distinguieron a otros grandes escritores. Para ser fiel a las experimentaciones formales de la década, escribió y publicó una preciosa novelita en verso, El cumpleaños de Juan Ángel.

Como ensayista, fue uno de los primeros en advertir, con sus contemporáneos Ángel Rama y Emir Rodríguez Monegal, que algo muy grande se estaba cocinando en la literatura latinoamericana de aquellos años. Sus ensayos de Letras del continente mestizo dieron cuenta de la mejor narrativa latinoamericana contemporánea, pero Benedetti fue más un anfitrión que un huésped de los novelistas consagrados en aquella época.
La poesía fue el género que le empezó a dar popularidad. Versos sencillos, cotidianos, como conversados, reveladores de sentimientos inmortales como el amor, la amistad y la solidaridad, empezaron a salir a borbotones desde los años 70, tocados por la fraternidad del exilio y un sentido elemental pero inquebrantable de la justicia.

Tengo amigos -excelentes escritores- que no gustaron nunca de esta poesía, cada vez más multitudinaria, escrita para ser cantada o dicha en la intimidad. Comprensible. No sé si esos innumerables libros y esos centenares de poemas alcanzarán la inmortalidad, pero estoy seguro de que muchos de esos versos seguirán siendo dichos y cantados, como hoy se dicen y se cantan Los versos del capitán y Veinte poemas de amor y una canción desesperada, de Neruda.

Benedetti sabía que escribía para un hoy que, como relámpago, iluminaría por breve tiempo el corazón y los sentidos de quienes lo leyeran. Alcanzó así una inmensa popularidad entre los lectores del idioma. Tal vez por eso no dejó de escribir a ritmo de vértigo, abandonando poco a poco los rigores y el largo aliento de las novelas. Sabía que tenía un público que coreaba con él sus poemas, en los que abundaban las instrucciones para seducir, amar, olvidar, ser fraterno y solidario y volver tolerable el sufrimiento. Benedetti podría haber hecho suya la confesión de don Antonio Machado: "Soy, en el buen sentido de la palabra, bueno".
salypicante@gmail.com

Óscar Collazos

Publicidad

Columnistas

Zona Comercial

¿Encontró un error?

Para eltiempo.com las observaciones sobre su contenido son importantes, permítanos conocerlas para, si es el caso, tomar los correctivos necesarios, o darle trámite ante las instancias pertinentes dentro de la Casa Editorial El Tiempo (CEET). Por favor, incluya su nombre y correo electrónico para informarle del seguimiento que le hemos dado a su observación.

Los campos marcados con * son obligatorios.

*
*
*

COPYRIGHT © 2010 CEET Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción a cualquier idioma sin autorización escrita de su titular. Ver Términos y Condiciones.

GDA Miembro de GDA. Grupo de Diarios América

Recordar clave

Por favor, escriba la dirección de correo electrónico con la cual se registró.