Tres tareas en educación para el 2017 (II)

Tres tareas en educación para el 2017 (II)

Los planes de estudio reducidos a dimensiones cognitivas, diseñados desde Bogotá, son un error.

27 de febrero 2017 , 01:27 p.m.

La semana anterior, en la primera parte de esta columna, propuse que en el 2017 el presente Gobierno debería aprovechar la implementación de los acuerdos de La Habana para poner en la agenda pública los temas claves de una verdadera educación para la paz: el acceso a buena educación inicial, básica, media y superior para las poblaciones campesinas, indígenas y afrodescendientes, y una verdadera formación ética (socioemocional, ciudadana y para la reconciliación) de todos los colombianos de la nueva generación. Las otras dos tareas que veo posibles y pertinentes en un año que le queda al Gobierno son:

De un lado, persistir en iniciativas de mejoramiento de la calidad, con un cambio de énfasis. El programa de tutorías Todos a Aprender (PTA) tiene el ADN correcto y se debe profundizar, así como las ideas de ampliar la jornada educativa en los colegios públicos, garantizar unos derechos básicos de aprendizaje y tener una evaluación con metas que cada institución educativa se fije. Pero en esos buenos propósitos se han metido dos virus economicistas: el de la verticalidad tecnocrática y el de la simplificación del ser humano a sujeto racional competitivo. Los planes de estudio reducidos a dimensiones cognitivas del ser y estandarizados y diseñados al detalle desde Bogotá son un gran error, al igual que los modelos de premios y castigos monetarios basados en mediciones incompletas, descontextualizadas y que generan incentivos perversos. Eso se podría corregir en este último año para dar paso a la formación integral y al empoderamiento juvenil, familiar y docente en los procesos propios de cada comunidad y región, planteamiento que debe incluir la evaluación. Y también, extender la idea del derecho a buena educación más allá de la inicial, básica, media y superior, con perspectiva integral.

Por otra parte, hay un desbalance en los recursos asignados a infraestructura (30.000 aulas), dotación tecnológica (a cargo del MinTic) y becas a la excelencia (Ser Pilo Paga), frente a alimentación, transporte, dotación integral, formación docente, acceso a educación inicial, acceso a media y superior, y atención a poblaciones con necesidades especiales. Quizás convenga hacer unos traslados presupuestales si no se puede crecer la torta.

Y por último, crear un genuino ambiente de diálogo que destrabe tensiones ya ancestrales con el magisterio, las entidades territoriales, las universidades públicas, los estudiantes organizados y aun entre entidades del Gobierno Nacional. El clima laboral con los docentes mejoraría mucho si se flexibilizara la aplicación formalista de algunas normas sobre una realidad compleja. Eso genera injusticias, a veces excepcionales, a veces generalizadas, que dañan la relación de los gobernantes con los educadores, que son el estado de verdad en las instituciones educativas. Una mejor salud, un reconocimiento oportuno de las prestaciones sociales, el pago de horas extras al día, la aplicación con consideraciones de contexto de los incentivos de ruralidad, difícil acceso y atención a estudiantes con necesidades especiales, son ejemplos de cosas que se podrían resolver en un añito de conversación fluida y sentido práctico.

También se tienen que agilizar la evaluación diagnóstico-formativa y los cursos para quienes no la aprueban. Con los departamentos y municipios certificados, el diálogo no fluye porque ambas partes se han centrado en mandar quejas e instrucciones, y no se han sentado a planear y resolver colectivamente; los nuevos planes de desarrollo territoriales son una oportunidad para hacerlo. Me parece clave analizar el caso de la relación entre el Ministerio de Educación, el Sena, el ICBF, el MinTic, el Mincultura, el sistema de universidades públicas, y las cajas de compensación (que en últimas también dependen de recursos públicos).

Si se avanzara este año en entender cómo la falta de coordinación hace que estas entidades se dupliquen o neutralicen, sería un gran progreso. Y la oportunidad más clara que veo es hacer un balance de lo acordado en el pacto que promovió el movimiento Todos por la Educación en el 2014, y relanzarlo, pues a mi juicio es la más desaprovechada de las grandes concertaciones hechas en Colombia durante los últimos años.

En suma, un año es poco, pero hay tareas viables, y la ministra Yaneth Giha ha mostrado interés en ellas. Mis deseos en educación para el Gobierno son de buen juicio al navegar este último tramo, a fin de consolidar avances y generar diálogos necesarios para entregar en el 2018 un sector más cohesionado, más legítimo y mejor financiado.


Óscar Sánchez

*Coordinador Nacional Educapaz@OscarG_Sanchez

Columnistas

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