¿Quién cuida y educa a un bebé?

¿Quién cuida y educa a un bebé?

Necesitamos nuevos estudios para poner la prioridad en apoyar a las familias.

21 de junio 2018 , 12:00 a.m.

Voy a dedicar dos columnas a temas institucionales de política de primera infancia. Esta semana sobre el redescubrimiento de las visitas domiciliarias y la próxima sobre las dificultades de la intersectorialidad.

Hace treinta años, antropólogos y algunos psicólogos explicaban el valor de la crianza en comunidades y familias extensas acompañada por profesionales, como forma de educación que recoge las tradiciones de la gente y los saberes de la cultura y la ciencia moderna. Luego asimilé la idea de que los hogares comunitarios mezclaban las ventajas de la atención especializada y la comunitaria. Pero hace varios años se comenzó a enfatizar la importancia de los centros de desarrollo infantil (que pueden ser salacunas, guarderías o jardines) como espacios institucionales claves para la intersectorialidad en el cuidado y educación infantil, porque permiten mayores estándares de calidad.

Y las madres comunitarias comenzaron a ser cuestionadas. Cuando estuve en el gobierno hace unos cinco años, se habló de mezclar varias modalidades de atención a la infancia, incluyendo centros y ámbito familiar. Y ahora que las evaluaciones de impacto se han puesto de moda, y muchos gobernantes quieren ver estudios que con números demuestren cuál es el modelo para copiar en Colombia o en cualquier otro país, resulta que ha vuelto a entrar en las prioridades la idea de que padres y madres son más efectivos para educar y cuidar a los niños más pequeños y los bebés. Suena tonto, pero necesitamos nuevos estudios para poner la prioridad en apoyar a las familias.

La ciencia ha descubierto… la visita domiciliaria a las familias, realizada por una persona capacitada. Que es como haber descubierto hace unos años la leche materna.

Como cada vez es más claro que hay que educar desde el embarazo y en los primeros meses de vida (ya hemos tratado el tema desde la neurociencia y la pedagogía en otras columnas), ¿quién va a poder enseñar en esa etapa vital, sino la mamá, el papá, los abuelos, los tíos, los hermanos? Y hay mucho que enseñar. Cuando un bebé llora, por ejemplo, el mensaje que recibe es crítico en su formación.

Hay cosas muy graves que los padres y madres deben entender que no se pueden hacer, como sacudirlos bruscamente. Y en general, el estrés por gritos y regaños constantes les hace mucho daño a los pequeños, no solo los golpes. De hecho, aunque la mayoría de la gente no lo sabe, cuando duerme, cuando come, cuando este despierta, esa pequeñita o pequeñito necesitan que su desarrollo sea alentado. Necesitan contacto visual, consuelo apropiado cuando están angustiados, juego, lectura, música, afecto. Y como las habilidades de crianza que se requieren para proveer todos esos estímulos y cuidados no son, como suele creerse, solamente las que dominan las abuelas, menos las madres adolescentes, y mucho menos los papás (cuando aparecen), se necesita apoyo externo.

Así que el cuidado esmerado y sistemático, más allá de alimentar, vacunar y prevenir los resfriados y la violencia doméstica en los bebés, es crítico para tener adultos sanos, felices y productivos en el futuro. Y entonces, la ciencia ha descubierto… la visita domiciliaria a las familias, realizada por una persona capacitada. Que es como haber descubierto hace unos años la leche materna. Hallazgos que demuestran que alguien, también desde la academia, había salido antes con alguna tontería para desestimar lo esencial.

En visitas a las casas y salones comunales, madres comunitarias y profesionales de la salud, artistas y educadores pueden hacer en un par de años cosas tan importantes como las que se hacen después llevando a los niños a instituciones y colegios. Ambas cosas son complementarias. Además, si el bebé es prematuro, o tiene dificultades, o si la mamá es muy joven, está deprimida, o tiene muchas imitaciones para cuidar a sus hijos, el apoyo externo es trascendental.

Además, ahora es posible hacer nuevas cosas. El promotor va a la casa y luego se mantiene en contacto a través del teléfono celular y puede mandar mensajes de texto o hasta hacer ‘videocoaching’. Y en una nueva tendencia, ya no se dedica solamente a diagnosticar (algo que era prioritario cuando se veía la visita desde la perspectiva de los riesgos de salud y seguridad), sino que se hace entrenamiento y se buscan las potencialidades. Es decir, quien hace la visita hace juegos de roles y ejercicios prácticos con adultos y bebés, e identifica qué miembros de la familia tienen tales o cuales destrezas o disponen de tiempo, y mira cómo potenciar esos elementos y complementar los que hagan falta para el desarrollo integral de los niños. A eso lo llaman valorar el patrimonio cultural de las familias y significa que lo positivo que no se aprovecha es mucho más frecuente que lo negativo que no se identifica. O mejor dicho, que quienes creen que para que los niños estén bien lo más importante es la pena de muerte a violadores o en general la represión frente al maltrato, están viendo los desafíos de modo limitado o hasta populista.

Lo que en últimas se ha puesto sobre la mesa es que en la primera infancia, como en la educación, familia, Estado y sociedad tienen roles clave que a veces las instituciones, preocupadas por sus lógicas sectoriales, olvidan. Es extraño ver a especialistas recomendando el ‘parenting’, es decir, utilizando una palabra en inglés difícil de traducir, para proponer que los papás críen a sus hijos. Pero es real: enseñar a las familias y comunidades a cuidar y educar es muy importante. Y a veces el Estado presiona a las familias, a veces las sustituye y solo a veces las apoya.

ÓSCAR SÁNCHEZ
*Coordinador Nacional Educapaz

Columnistas

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