¡Que no hay plata!

¡Que no hay plata!

Preferimos atender problemas de seguridad por la fuerza a prevenirlos ofreciendo opciones a jóvenes.

10 de agosto 2017 , 12:00 a.m.

Cuando hay escasez se develan las prioridades. En el presupuesto de la nación para el 2018 presentado al Congreso, la educación tiene una reducción leve, mientras que en cultura, deporte y ciencia los recortes son drásticos. ¡Es que no hay plata!

Entretanto, el monto asignado a la Policía y las Fuerzas Militares subió 2,5 billones de pesos respecto al 2017. Esa cifra es, justamente, lo que costaría financiar anualmente la educación rural en las zonas de conflicto armado, que entre los compromisos establecidos en el acuerdo de paz es quizás el más profundo de los incumplimientos.

Pero preferimos atender los problemas de seguridad por la fuerza a prevenirlos ofreciendo opciones a los chicos del campo para que no terminen de mano de obra y carne de cañón de las economías ilegales. Y después nos preguntamos por qué se repiten las guerras a lo largo de los siglos. ¡Como no hay plata!

Con esos 2,5 billones también se podría enfrentar el déficit de educación inicial en buena parte del país, la inversión de mayor retorno que cualquier sociedad puede hacer. O duplicar el Sena o resolver la crisis de las universidades. Pero hay otras prioridades. Como si no hubiera evidencia de que a los países que han apostado por la educación les ha ido mejor que a los que han priorizado la represión y la guerra. De hecho, Finlandia, Corea, Alemania o, para no ir lejos, Costa Rica, que creen en la economía del conocimiento, justo en tiempos de vacas flacas se han endeudado para que la gente se eduque, mientras que la economía repunta y los emplea, y porque educar a la gente es el único camino sostenible para que las economías repunten. Varios nobeles (Heckman, Becker, Sen, por ejemplo) han demostrado reiteradamente que una sociedad se hace rica educando a su gente. ¡Carajo, que no hay plata!

Con esos 2,5 billones también se podría enfrentar el déficit de educación inicial en buena parte del país, la inversión de mayor retorno que cualquier sociedad puede hacer

También aumentarán en el 2018 los presupuestos de la Fiscalía, la Rama Judicial y los organismos de control, las entidades con los salarios más altos en el Estado, y como emplean a mucha gente, tienen un impacto fiscal unas cincuenta veces mayor que los tan cacareados sueldos de los congresistas. Nadie cuestiona la importancia de la justicia, pero hay que recordar que los salarios de jueces, contralores, procuradores y fiscales se subieron hace unos años con el argumento de que si les pagaban más, serían impolutos, como si la ética fuera resultado de la opulencia. Y el hedor allí demuestra que ese argumento, que reduce la conducta humana a los intereses materiales, fracasó a lo bestia. Les garantizo que con más inversión en educación sí habría menos corrupción. ¡Pero como no hay plata!

Alguien dirá que le redujeron poco a la educación, y para eso tuvieron que sacrificar la cultura, la ciencia y el deporte. Pero dado que esfuerzos como la jornada única solo tienen sentido con formación integral para desarrollar la mente, el cuerpo y el espíritu, cabe poner de ejemplo a Bogotá, donde no solo se duplicó el presupuesto de educación entre el 2012 y el 2015, sino que se cuadruplicó el de cultura, deporte y ciencia para que los artistas, los científicos y los deportistas se reunieran con los niños y los maestros en un proceso vital de formación alabado como un hito mundial por la Unesco y varias organizaciones más.

A todas estas, ¿cuántas decenas de billones fue que dijo Germán Vargas Lleras que se han invertido en carreteras al debe que pagaremos durante décadas a punta de peajes caros?

Pero volvamos a la seguridad, que en procesos de posconflicto debe ser consolidada, claro. ¿No será que cuando la guerrilla se reduce, el aparato militar y policivo puede demandar nuevos recursos para otros frentes echando mano del dividendo de la paz y reorganizando prioridades? Además, los mensajes son bien confusos, pues si bien en algo subió el rubro denominado posconflicto, que se invertirá en vías, apoyo al agro, sustitución de cultivos, acceso a la justicia y apoyo a las víctimas en zonas rurales, simultáneamente se redujeron los presupuestos de agricultura y reconciliación.

¡Es que no hay plata! No hay plata para construir por el camino de la educación una nueva generación de gente productiva y de paz. Para otras cosas, resulta de alguna parte.

ÓSCAR SÁNCHEZ
* Coordinador nacional de Educapaz

Columnistas

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