Embarazo adolescente

Embarazo adolescente

Para prevenir embarazos precoces, es más importante ofrecer oportunidades a las chicas.

27 de febrero 2017 , 01:01 p.m.

En Colombia, una de cada cinco mujeres menores de 19 años ha tenido un embarazo. Entre los países de ingreso medio y alto de América Latina, Colombia, México y Brasil lideran estas malas estadísticas, mientras Argentina, Chile y Uruguay tienen buenos resultados. El fenómeno disminuye, pero no de manera constante. Entre 2005 y 2010, la tasa se redujo, pero volvió a empeorar entre 2010 y 2012. Desde entonces ha mejorado, y en 2015 tuvimos la tasa histórica más baja. Hay una incidencia muy alta en las zonas rurales en general y en la Orinoquia, la Amazonia y las regiones Pacífica y Atlántica, en particular.

En cuanto a las grandes ciudades, los casos más preocupantes son los de Barranquilla, Cartagena y Cali con respecto a embarazos entre los 15 y los 19 años. Bogotá está mejor, sin que las cifras sean para alegrarse, especialmente en las cinco localidades más pobres de la ciudad. Y ciudades intermedias como Neiva, Buenaventura, Quibdó, Tumaco, Barrancabermeja y Turbo tienen tasas mucho más altas que las grandes en casos de menores de 19 años y registran alarmantes cifras de embarazos en menores de 14 años. Esto es gravísimo, teniendo en cuenta que un embarazo en una niña menor de 14 años es un delito cuando el padre es mayor de edad, que es lo común.

¿Cuál es y cuál no es el problema?, ¿cuál es y cuál no es la solución?

Es verdad que tenemos cifras altas y que hay esfuerzos importantes para enfrentar este reto. El Ministro de Salud explicó hace algunas semanas que estamos en una tendencia positiva. Hay que ver qué se ha hecho para conseguirla y continuar por ahí, en vez de crucificar a los funcionarios que están trabajando para vencer un fenómeno complejo.

El caso de Bogotá es ilustrativo: una estrategia integral, con muchos aspectos por mejorar, está en marcha, y cambiar de rumbo de modo radical sería contraproducente. Pero algún sector político decidió afirmar que todo va mal con cifras que no son. En vez de utilizar las tasas de natalidad por edades como hizo el Ministro de Salud, que son positivas, denuncian que se ha duplicado un registro de solicitudes de apoyo escolar a chicas embarazadas, el cual ha aumentado gracias a un trabajo de concientización para no ocultar los embarazos en los colegios (nada que ver con medir la cantidad de embarazos). Dicen los críticos que el Gobierno Distrital está reduciendo el presupuesto para el tema y este lo niega. Esperemos que no haya tal reducción, y que el sistema de salud no opte por dejar las cosas en manos de las EPS, porque lo que se requiere son programas preventivos elaborados en conjunto por los sectores de la salud, de la mujer y educativo.

Nadie quiere que los chicos y chicas se embaracen precozmente. Sin embargo, los enfrentamientos entre concepciones morales e intereses políticos hacen que gente distinta que busca el mismo fin destruya la posibilidad de lograrlo, al distorsionar la realidad en el análisis y crear falsas disyuntivas para ganar audiencia.

Por ejemplo, es cierto que se debe inculcar la trascendencia en torno al compromiso que implica una relación sexual. Y, por lo tanto, no son mojigatos sino razonables quienes plantean una educación para aplazar el inicio de las relaciones y que su ejercicio una vez iniciadas a temprana edad sea cuestionado. Y al mismo tiempo, el hecho de que la edad de inicio de las relaciones sexuales se ha reducido es un dato objetivo, así que la buena educación sexual sin tabúes es indispensable desde la infancia, y un manejo abierto y realista no convierte en libertinos a quienes lo promueven. En la educación sexual hay que mezclar el acceso a condones y otros métodos anticonceptivos y la información sobre su uso con la ayuda a las y los jóvenes para tener conciencia de las graves implicaciones de un embarazo precoz. Pero el sector educativo, el sector de la salud, el ICBF y las secretarías y oficinas de la mujer, para no hablar de ONG, medios de comunicación y publicidad comercial estamos lejos de armonizar enfoques y discursos. Eso sí, todos nos rasgamos las vestiduras.

Es cierto también que una concepción precaria de proyecto de vida y de ciudadanía, el machismo, el hecho de haber sido hijas de padres muy jóvenes y la falta de oportunidades hacen que las chicas vean la maternidad como una buena opción. Un dato revelador es que muchísimas madres adolescentes no tienen hijos con chicos de su edad, sino con adultos, por lo que las relaciones entre compañeros de colegio o amigos de infancia llevan al embarazo en menos casos de los que se piensa. Me pareció poco verosímil ese dato, pero una y otra vez lo verifiqué en las estadísticas.

También es un hecho que el embarazo adolescente está asociado a la deserción escolar y al ingreso prematuro al mundo laboral. Pero a veces creemos que la causa está en el embarazo, cuando el asunto suele ser al revés: la carencia de sentido de la escuela, la falta de esperanzas en el acceso a la universidad y un mayor respeto por las mujeres con hijos en la sociedad hacen atractivo el embarazo, irse del colegio y ponerse a trabajar en un empleo precario. Para prevenir embarazos precoces, es más importante que cualquier otra política ofrecer oportunidades a las chicas y enseñarles identidad, a tener sentido de los derechos y a albergar sueños grandes y tomar decisiones con perspectiva de largo plazo.


Óscar Sánchez

*Coordinador nacional de Educapaz@OscarG_Sanchez

Columnistas

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