El cono, la idea y el espíritu

El cono, la idea y el espíritu

‘El poder del cono’ hostiga más de lo que educa, y por eso dudo de que sea una buena idea.

01 de junio 2017 , 12:00 a.m.

En días pasados vimos a un cono humano, contratado por la Alcaldía de Bogotá como promotor del buen comportamiento ciudadano, pelearse a patadas con un motociclista infractor. La iniciativa de los mimos que enseñaban a cruzar la calle, durante el primer gobierno de Antanas, fue una buena idea. Y nadie duda de que encajara en el espíritu de ese gobierno. Hubo altercados, pues no todo el mundo aceptaba de buena gana ser reprendido, pero la amonestación era sutil; y la ejecución, de buen nivel. De modo que la idea y su espíritu llevaron a un programa que la ciudad agradeció.

La noción de lo cívico de ese gobierno, aunque algunos puristas le criticamos que confundiera el hecho de portarse bien con el de ser buen ciudadano, no era improvisada. El alcalde de entonces y varios de sus colaboradores llevaban años haciendo ejercicios de comunicación para el cambio cultural, y al intentarlo en su alcaldía, lo hicieron con genuino compromiso.

En cambio, quien haya presenciado en acción a los servidores públicos del actual programa de la Secretaría de Movilidad denominado ‘El poder del cono’ tiene que admitir que en nada emulan la gracia de los mimos de antaño. Lo conos abordan al infractor cantando un estribillo humillante, bailando de manera medio obscena y portando un megáfono. Y si el conductor malparqueado no alcanza a llegar a tiempo o evita salir para exponerse al escarnio, un policía, que aguarda al acecho y forma parte del equipo, procede a realizar la multa y la inmovilización. Además, el programa se nota improvisado.

los valores se aprenden con reflexión, y para logar esa reflexión, las experiencias deben ser acompañadas por alguien que te guía y te da ejemplo

Segunda parte de una película exitosa con libretista novato. Yo siento que ese programa hostiga más de lo que educa, y por eso dudo de que sea una buena idea. Pero asumiendo que con esmero la puesta en práctica pudiera funcionar, lo que deciden los jefes de los conos (el disfraz, el megáfono, la selección del personal y su actitud) nos hace sospechar que el problema es de espíritu. Y lo confirman las declaraciones del Secretario de Movilidad, quien al explicar la escena bochornosa, en lugar de hablar de errores que emanan de la voluntad o el carácter de los seres humanos, nos dice cosas como “hemos hablado con nuestro cono” o “respetemos a los conos”.

Pero que se cometan errores no es el problema, lo que importa es poder prever los riesgos y corregir las equivocaciones. Para innovar, se requiere más que una idea; se necesita amarla, haberla madurado, tener experiencia en asuntos semejantes, saber probarla, y al experimentar, pulirla. Cuando le preguntaron a Antanas qué opinaba del programa de los conos, él dijo que para que sea útil hay que ajustarlo. Ignoro si el equipo de Mockus está detrás de esa iniciativa (o de la mejor lograda ‘Todos pagamos el pato’, que TransMilenio ha puesto en marcha simultáneamente), entiendo que sí.

Pero con o sin visionarios, hay un principio pedagógico que los promotores de comportamientos cívicos, los formadores de competencias socioemocionales y, por supuesto, los educadores ciudadanos sabemos: los valores se aprenden con reflexión, y para logar esa reflexión, las experiencias deben ser acompañadas por alguien que te guía y te da ejemplo.

Si quien te llama la atención es arrogante, te humilla o simplemente no te inspira respeto, tu respuesta será defensiva y hasta vengativa. Por eso, por ejemplo, Antanas decía, recordando las tarjetas que en su época se usaban para hacer juicios ciudadanos sumarios sobre conductas callejeras, que si las volviera a hacer, dejaría el dedo en alto para aprobación, pero cambiaría el reproche del dedo hacia abajo por un signo de interrogación.

¿Sutilezas?, ¿pendejadas? El espíritu de una idea está justamente en las sutilezas. Los proyectos bien concebidos y en especial las innovaciones educativas requieren que la experiencia y el talante de quien los pone en práctica lleven a atender los detalles que hacen que las ideas se revistan de fuerza y originalidad. Mucho me temo que en el gobierno actual creen más en la severidad del policía represivo que en la educación cívica elaborada. Y por eso se ven mejor reflejados en la contundencia de sus escuadrones Esmad y sus abogados ante el Consejo Nacional Electoral que en el poder educativo de sus conos.

ÓSCAR SÁNCHEZ
* Coordinador nacional de Educapaz

Columnistas

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