El 4° objetivo de desarrollo sostenible y la paz

El 4° objetivo de desarrollo sostenible y la paz

Es prioritaria una educación para los derechos humanos y la conciencia ambiental al alcance de todos

06 de julio 2017 , 12:00 a.m.

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible, ODS,(http://www.un.org/sustainabledevelopment/es), son el empeño para mejorar el bienestar de la humanidad más importante de los próximos 13 años. Son 17 objetivos suscritos por 193 países en el 2015 para orientar hasta el 2030 las políticas de los gobiernos y la cooperación internacional. Siguiendo la senda de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), firmados en el 2000, los ODS buscan atender las necesidades más importantes del mundo, las cuales son, precisamente, las de los más pobres del mundo.

El cuarto de esos objetivos se propone “garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad y promover oportunidades de aprendizaje durante toda la vida para todos”, y se divide en metas. Y he aquí lo revelador: esas metas son muy pertinentes para Colombia y coinciden con los compromisos en educación contemplados en los acuerdos de La Habana. ¿Cuáles son esos compromisos y por qué esa coincidencia? Resumámoslos en ocho puntos:

Uno. El cuarto objetivo de desarrollo sostenible reconoce la prioridad de corregir disparidades en el acceso a la buena educación, especialmente entre lo rural y lo urbano, entre los hombres y las mujeres y frente a las poblaciones en condición de discapacidad. Tres temas incluidos en los acuerdos de paz, especialmente, en el mandato de formular un plan especial para la educación rural.

Dos. Este cuarto objetivo también incluye el acceso a educación inicial en un marco de atención integral a la primera infancia. También es el primer compromiso de los acuerdos de La Habana.

Tres. La humanidad entiende que el dominio de la propia lengua y el aprendizaje de las matemáticas en la educación básica primaria y secundaria son esenciales para el desarrollo que piensa en la gente. Nuestro acuerdo de paz hace énfasis en ello en el mundo rural.

Cuatro. Ambos pactos hablan del acceso a la educación terciaria, desde la media técnica o académica, la formación vocacional y la educación universitaria, mostrando un interés especial por la formación práctica para el trabajo y el acceso equitativo a becas.

Cinco. Una educación para los derechos humanos, la ciudadanía global y la conciencia ambiental al alcance de todas las personas es prioritaria para la humanidad, y en el segundo punto de los acuerdos de La Habana se presenta también como prioritaria para Colombia.

Seis. La alfabetización de jóvenes y adultos es una meta precisa en ambos pactos.

Siete. Ambos reconocen también que se necesita infraestructura digna (no lujos), internet y habilidades para el uso creativo de las tecnologías de la información y las comunicaciones.

Y por último, ambos pactos entienden que es esencial tener docentes para todos los niveles con formación de excelencia y suficientemente disponibles.

Al pensar el problema de nuestra gente pobre y metida en la guerra, encontramos las mismas prioridades que en las zonas de África y de Asia en crisis y conflicto

Las coincidencias son rotundas. Incluso en exclusiones como la relación de familias y comunidades con el aprendizaje o una insuficiente alusión al bienestar físico o la autonomía escolar, ambos textos se parecen. ¿Y por qué tanta similitud?

Como los ODS se vienen cocinando desde hace unos ocho años y fueron suscritos por todos los países que integran las Naciones Unidas, lo que incluye a tirios y troyanos, podemos comenzar por descartar como hipótesis la mano peluda del castrochavismo.

Una segunda posibilidad es que los técnicos que propusieron en La Habana los desafíos en educación hubieran participado en los foros educativos globales y al redactar las ideas del acuerdo de paz tuvieran en mente esa agenda y la hubieran transcrito sin mayores reflexiones.

Pero la teoría que más me convence es que nuestros territorios más afectados por el conflicto armado son típicos entre las zonas del mundo en las que pensaron quienes redactaron los ODS al analizar las realidades humanas de mayor carencia. Es decir que al pensar el problema de nuestra gente pobre y metida en la guerra, encontramos las mismas prioridades que al asomarnos a las zonas de África y de Asia en crisis y conflicto. No es casualidad, por ejemplo, que en el Censo Nacional Agropecuario, los territorios colombianos de la pobreza extrema en el campo, de la carencia de educación rural y del conflicto armado pinten casi el mismo mapa.

Afortunadamente, ningún sector político de Colombia ha cuestionado ninguna de las 18 disposiciones del acuerdo de La Habana relacionadas con la infancia, la juventud y la educación. Pero si quisiéramos evitar debates que nos dividen, podríamos dedicarnos a cumplir los compromisos de Colombia con el cuarto objetivo de desarrollo sostenible, algo que podríamos convenir sin fisuras, y con eso estaríamos previniendo la reinvención de una guerra que tantas veces hemos visto repetirse.

ÓSCAR SÁNCHEZ
* Coordinador Nacional Educapaz

Columnistas

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