Confianza para hacer compromisos y explicar resultados

Confianza para hacer compromisos y explicar resultados

En Colombia, el sistema complejo e inequitativo no encuentra la manera de definir metas nacionales.

18 de julio 2018 , 08:15 p.m.

El informe de seguimiento a la educación en el mundo, GEM 2018, publicado por la Unesco https://es.unesco.org/gem-report/ se refiere a la rendición de cuentas en la educación. Se pregunta cómo hacer que cada responsable de lograr resultados educativos ofrezca información correcta sobre sus acciones y el avance en sus compromisos.

La pregunta de este Informe pone el dedo en la llaga de muchos conflictos colombianos. Un sistema bloqueado como el nuestro no avanzará mientras desde su arrogancia o su legítima frustración, todos quieran señalar a alguien y exigirle que haga algo que “le corresponde”, sin mirar cómo ponerse de acuerdo, confiar los unos en los otros y juntos corregir nuestra capacidad como sistema complejo.

El informe explica para el mundo algo evidente por aquí: de un lado, establecer compromisos claros de mejora, definir planes de trabajo para alcanzar esos compromisos y hacer seguimiento a los avances en esos planes, es una responsabilidad que cada maestro, equipo docente de una escuela, gobierno y especialmente cada comunidad de padres y estudiantes tienen con la sociedad; y negarse a esos procesos de planeación y seguimiento es irresponsable. Pero del otro lado, cuando un par de autoridades e institutos gubernamentales se otorgan a sí mismos el derecho de establecer métodos externos y estandarizados de evaluación y a partir de sus juicios premiar y castigar a todos en el sistema, creyendo que eso es hacer seguimiento a los compromisos de cada actor, se equivocan. El papel de los gobiernos nacionales es generar condiciones culturales, sociales, materiales y técnicas para ayudar a cada quien a mejorar, creyendo en su potencial de mejora y respetando su autonomía.

Está bien difícil ponernos de acuerdo en unas nuevas metas en el Plan de Desarrollo que viene, y no sabemos si el gobierno entrante quiera propiciar ese acuerdo.

Como están sucediendo las cosas, con base en la sospecha de la mala fe del otro o de su pobreza analítica, el gobierno nacional “genera incentivos y mide su efecto” para que gobiernos territoriales, colegios, docentes y familias hagan tal o cual cosa, pero no es suficientemente autocrítico, no escucha realidades, ni destina los recursos necesarios para que haya buena educación. Por su parte, aquellos maestros que no han asumido su inmenso poder (hay muchos que sí, y son los que hacen la diferencia), culpan a niños, jóvenes y familias y al gobierno de falta de compromiso.

El sindicato dice que el gobierno quiere privatizar el sistema porque no cree en la educación pública, y ha decidido que a punta de paros va a defender sus posiciones, lo que a la larga seguirá enajenando a la población de la educación oficial. Y un sinnúmero de organizaciones internacionales públicas y privadas, grandes y pequeñas y cada vez más organizaciones nacionales de tecnócratas, quieren presionar a los gobiernos para que adopten modelos simplistas, so pena de ser juzgados de incapaces de tomar decisiones “basadas en evidencias”. Así no podemos hacernos responsables colectivamente ni creernos los unos a los otros los datos y relatos de nuestra rendición de cuentas.

En Colombia un sistema complejo e inequitativo, con muchos intereses y realidades, no encuentra la manera de definir metas nacionales y ajustadas a la diversidad de cada territorio y contexto, ni mucho menos cómo hacerles seguimiento a esas metas creyéndole a cada quien cuando explica lo que logró y porqué no logró lo que no logró.

El informe plantea la utilidad de la adaptación del cuarto Objetivo de Desarrollo Sostenible en distintos contextos para fijar metas hasta 2030 y comprometer a los actores en explicar resultados sobre el proceso de mejoramiento para alcanzarlas. Son temas como: remuneración y formación de docentes; educación inicial; educación ciudadana y para la sostenibilidad; formación profesional técnica y universitaria; formación básica en lectura, matemáticas y ciencias; equidad de género y frente a poblaciones rurales y en discapacidad; calidad de los ambientes de aprendizaje, de la tecnología y de la infraestructura; y alfabetización y educación de adultos.

El informe citado mira uno a uno, en cuáles de esos temas hay buenos datos en el mundo para hacer valoraciones y cómo adaptar el uso de esos datos en diferentes contextos, pero el problema no es técnico. De hecho, el informe es iluminador cuando trata el problema de confianza entre los actores y la necesidad de acordar compromisos y cómo rendir cuentas sobre ellos, pero cuando trata de zanjar debates técnicos sobre indicadores en cada tema en su segunda parte, deja de ser claro.

La agenda a 2030 de los ODS es muy pertinente para Colombia y sus regiones, y sus temas han estado en todos nuestros planes decenales y en el Pacto de Todos por la Educación de 2014, que fue lo más parecido a un acuerdo nacional por la educación. Era la oportunidad para que aumentáramos el gasto en educación en serio y cada quien asumiera la responsabilidad de gastar bien los recursos adicionales que allí se prometían. Lamentablemente el gobierno Santos fue tan ágil para firmar el pacto como para incumplirlo.

Está bien difícil ponernos de acuerdo en unas nuevas metas en el Plan de Desarrollo que viene, y no sabemos si el gobierno entrante quiera propiciar ese acuerdo. Pero valdría la pena intentarlo. Puede ser con base en los ODS u otros instrumentos. No apostaría mucho por el último Plan Decenal como herramienta, y el programa de gobierno del presidente electo no es claro ni ambicioso (lo que aun se podría corregir). Pero lo realmente complicado, y en eso el aporte crítico de este Informe GEM es útil, será comprometer a cada actor en su rol en el proceso y en cómo dar cuenta de sus resultados frente a esos compromisos. Porque no hay confianza y sí mucha arrogancia entre los poderosos, y porque la voz de los niños, jóvenes, familias y maestros de la base está silenciada, cuando no, usurpada, y no se les ha ayudado a asumir responsabilidades que interpreten sus propios intereses.

ÓSCAR SÁNCHEZ
*Coordinador Nacional Educapaz

Columnistas

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