Recalentamiento cerebral

Recalentamiento cerebral

Nuestras mentes son como la memoria de un computador y el disco duro está lleno de basura.

27 de enero 2018 , 12:00 a.m.

Se ve venir el día en que podamos comprar en la farmacia pastillas para borrar archivos. Estamos hasta la coronilla de datos. Padecemos recalentamiento cerebral.

El nuestro se convirtió en un mundo tomado por las noticias. Apenas queda tiempo para estornudar. Se esfuma la alegría de leer. Padecemos la angustia de no leer los libros que nos esperan. Risueño, el celular impone su capricho.

Los estudiosos dicen que nuestras mentes son como la memoria de un computador y que el disco duro está lleno de basura. Esa sobrecarga de información afecta nuestra calidad de vida. Hay que reducirla a sus justas proporciones. Estamos en el umbral de la anorexia informática. Ven, no tardes tanto.

Antes solo había que recordar la fecha de nacimiento, el teléfono, la dirección de la casa, el primer trauma para que los siquiatras tengan por dónde empezar, el último asombro. La modernidad exige memorizarlo todo. Los dígitos colonizaron la memoria.

Padecemos la angustia de no leer los libros que nos esperan. Risueño, el celular impone su capricho.

Los dietistas, que borran con el codo lo que su colega escribió con la mano, pontifican sobre cómo adelgazar. Woody Allen, antes de ingresar al inameno sanedrín de los violadores, sugería tener cuidado al enflaquecer. Y proponía conservar los kilos donde está la inteligencia.

Reducir la información será el equivalente a perder peso. El truco para que la gente trabaje a toda mecha y con eficiencia es reducir tanta información, aseguran los Perogrullos digitales. ¿Quién le pondrá el cascabel al gato?

Los que llegamos a la edad en la que el hombre propone y Alzheimer dispone añoramos esas futuras visitas al médico en las que el paciente podrá exigirle que borre tanto blablablá acumulado. Y que pase la factura.

Que borre promesas y literatura epistolar de campaña, posverdades, trinos alegando quién está más cerca del botón nuclear, si el diminuto gordito de Corea del Norte o su descomunal clon gringo. Dios los creó y el insólito motilado los niveló.

Habría que exigir que nos dejen intacta la nostalgia, esa reencarnación al revés que nos permite conservar el pasado. A muchos creadores les quitan la nostalgia y se van de bruces. Manos fuera de ella.

Greta Garbo acertó cuando dijo que para ser felices hay que tener buena salud y mala memoria. La divina sueca pediría hoy buena salud y que las pepas para desaparecer archivos inútiles sean facilitadas hasta por el Sisbén.

ÓSCAR DOMÍNGUEZ GIRALDO
- www.oscardominguezgiraldo.com

Columnistas

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