El nuevo peor amigo

El nuevo peor amigo

Le he dicho no al ‘wasap’, el cachivache que se está quedando con lo que nos resta de intimidad.

29 de agosto 2017 , 12:00 a.m.

A pocos días de la visita papal, debo denunciar que he sido víctima del peor bullying. La gente no respeta mi fidelidad canina al correo electrónico, que consideran el Sisbén entre los medios de comunicación digitales.

Me dan la presa más chiquita y el ron más aguado en fiestas convocadas para celebrar la caída de una hoja. No me bajan de pendejo insigne e insomne. “De la que te estás perdiendo”, cantaletean. Casi me dan plata pa’l bus. Me miran como si fuera yo el que le regala las cargaderas al exprocurador Ordóñez... o hubiera sido el proveedor de los libros que quemó en tiempos idos.

En el pasado fui objeto de vejámenes similares porque no aprendí a manejar carro. Ni a cocinar. El cursillo sirvió para sobrevivir al nuevo hostigamiento.

Todo porque le he dicho no al ‘wasap’, el cachivache que se está quedando con lo que nos resta de intimidad, privacidad, ocio, tiempo libre. No solo acaba con los ojos, sino que obliga a vivir informados al segundo. No le deja nada al azar, que tantas inesperadas sorpresas suele regalarnos. Veo más gente ocupada borrando mensajes que amando, perdonando, durmiendo, olvidando o leyendo. Con lo creativos que son estos gerundios.

Me niego a integrar grupos de ‘wasap’ de los que tienen los pies planos o el de los detractores de traseros hechos en el quirófano

Han tratado de sobornarme prometiéndome que me llevan con el 20 % en equis chanchullo, o en un embarque de perica, si doy mi brazo a torcer. Pero soy un hombre de principios y no me arrancarán el sí ni llamando al cuadrante. (Ahora, si no les gustan mis principios, se los cambio por otros, repito con mi tutor ideológico Groucho Marx).

Me niego a integrar grupos de ‘wasap’ de los que tienen los pies planos o el de los detractores de traseros hechos en el quirófano. Tampoco me trama integrar el chat de adoradores de los pasos cebra o el de los que siguen la dieta del espejo: no se miran en él para no engordar. Ni envejecer.

La modernidad nos regaló la nomofobia, aversión que padecen los esclavos del celular que sigue sin inventar, como el hombre. Para no pasar de agache, trabajaré para llevar al diccionario la voz ‘wasapofobia’.

Sin ‘wasap’ no me cambio ni por Dios mano a mano. (Dije lo mismo antes de montar blog, abrir página en Facebook y enviar inofensivos tuits. Para la contradicción, siempre estaré listo).

ÓSCAR DOMÍNGUEZ GIRALDO

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