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No había de otra

Jueves 8 de diciembre de 2016
Columnistas
Gustavo Duncan

Gustavo Duncan

No había de otra

Pese a que son los del 'no' quienes se lamentan del conejo, los que verdaderamente se arriesgan al peor de los incumplimientos son las Farc.

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Era muy difícil que se hubiera podido llegar a un acuerdo en un plazo inmediato. La suerte estaba sellada desde mucho antes del 2 de octubre, cuando el Gobierno decidió negociar en La Habana sin un mínimo consenso con el uribismo. Después de eso y de la derrota del ‘sí’, era imposible renegociar en un tiempo suficientemente corto para evitar la criminalización de la tropa rasa de las Farc y cumplir los plazos institucionales que dieran lugar al posconflicto.

Por eso no había de otra, el Gobierno tenía que pasar los acuerdos por el Congreso, sin importar el respaldo del grueso de las fuerzas políticas. Es más, a las otras partes no les quedaba opción distinta a asumir la postura que finalmente adoptaron. Al uribismo y demás representantes del ‘no’ les quedaba muy difícil aceptar de buenas a primeras, sin posibilidad de una contrapropuesta, los términos del nuevo acuerdo. Era renunciar a la ventaja política que habían obtenido con el triunfo en el plebiscito.

Puede argumentarse que había margen para que sus posiciones fueran más conciliadoras sin que necesariamente aceptaran la refrendación en el Congreso. Pero eso no quita el peso de la realidad política: respaldar las concesiones realizadas a las Farc va a tener consecuencias definitivas en las próximas elecciones. Tanto así que Vargas Lleras ha evadido cualquier compromiso público con la refrendación de los acuerdos.

Y pese a que son los del ‘no’ quienes se lamentan del conejo, los que verdaderamente se arriesgan al peor de los incumplimientos son las Farc. Es casi seguro que lo pactado se replanteará si en el 2018 es presidente cualquier candidato que no haya avalado el acuerdo. Con todo y semejante dosis de incertidumbre, las Farc aceptaron un proceso así. No tenían otra salida. Esperar un consenso más amplio los habría obligado a devolverse al monte para recomponer sus tropas, evitar su dispersión y rechazar las iniciativas de las ‘bacrim’. Algo inviable en las condiciones actuales.

En el fondo, haber llegado al final del proceso con tanta incertidumbre es el resultado del fracaso de Uribe y Santos en el logro de un gran pacto nacional a partir del momento en que se iniciaron las negociaciones. La historia dirá qué grado de responsabilidad le cabe a cada uno. Mientras tanto, solo queda esperar que aparezca un candidato que se la juegue por unir al país en vez de hacer cálculos con la polarización.


Gustavo Duncan

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