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Natalia Springer

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Por la libertad de todos

Una mujer dispuesta a ser el puente para acuerdos políticos que cierren brechas y alienten la reconciliación.

Reseñaba Eduardo Galeano en El libro de los abrazos unos avisos clasificados que encontró en diarios que datan de 1840: "Se vende una negra medio bozal, de nación Cabinda, en una cantidad de 430 pesos. (...) Una criada sin vicios ni enfermedades, de nación conga, de edad como de dieciocho años, y así mismo un piano y otros muebles, a precios muy cómodos".

Son avisos escalofriantes, no solo porque documentan la atroz práctica de la esclavitud, sino porque revelan las dimensiones de una forma social que hacía parte de la vida cotidiana. Eso ha sido el secuestro para nosotros. Los violentos nos acostumbraron al horror y aprendimos a vivir con él, de rodillas. Las Farc y el Eln venden coca, armas, animales y seres humanos, todo aquello disfrazado de discurso revolucionario.

El rescate que produjo la liberación de los 15 secuestrados en manos de la guerrilla de las Farc sienta un precedente sin registro en la historia de esa Colombia siempre marcada por la tragedia y la violencia. Este no es un triunfo de la diplomacia francesa, ni de la inteligencia norteamericana, ni de la presión internacional.

Es una victoria de las Fuerzas Armadas de Colombia y en particular, de los hombres y mujeres que hicieron posible esta operación, y de todos los soldados y policías que a lo largo y ancho del país han conseguido descuartizar la unidad de comando y control de las Farc a un costo humano que aún no les hemos sabido reconocer: el aislamiento de Cano, definitivo para el 'Jaque', se logró gracias a los fuertes operativos en el sur del Tolima que forzaron el repliegue de los frentes 21 y 25 con un altísimo número de militares muertos y heridos por los efectos de las minas antipersona.

No solo se trata de una operación limpia, soberbia precisamente porque es el triunfo de la inteligencia sobre la fuerza, del respeto por la vida sobre la barbarie, sino porque produjo una serie de hechos políticos que podrían llevarnos efectivamente a todos nosotros a la libertad.

El panorama de hoy es optimista: tenemos a una Íngrid Betancourt valiente, dispuesta a convertirse en el puente que necesitábamos para pensar en grandes acuerdos políticos que cierren brechas y alienten la reconciliación. Llegó justo a tiempo, un día después de que se inició la presidencia francesa de la Unión Europea, con un mensaje claro que borra de tajo la animadversión creada por el tema del intercambio humanitario, supera los odios y sitúa a Colombia en otro lugar del mapa, uno más realista, uno que reconoce el sufrimiento y los grandes sacrificios que estamos haciendo por superar la violencia y el conflicto que parece haber marcado el sino de nuestra historia.

La victoria militar le proporciona un sustancial margen de maniobra a las Fuerzas Armadas para intentar rescates por vías audaces y no necesariamente violentas, ofreciendo garantías para la desmovilización de frentes y cuadrillas.

Nos corresponde formar frentes comunes que nos reúnan, más allá de nuestra posición política, alrededor de asuntos fundamentales, de la paz, de la superación de la violencia, de la defensa de la vida y la dignidad humanas: todos los colombianos nacemos libres y tenemos derecho a recorrer libremente nuestro territorio sin perjuicio alguno. En Colombia no existe la pena de muerte. Nunca jamás, ningún colombiano podrá ser sometido a tratos crueles, humillantes o inhumanos. Ningún colombiano deberá vivir encadenado, ni podrá ser vendido.

desurasur@gmail.com

Natalia Springer

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