Se llama avaricia. No es ni fe en Dios ni ingenuidad, es avaricia. De manera que al cuento de que el Papá Noel trae los regalos y de que los paramilitares se crearon para 'salvar' el país hay que sumarle ahora ese de que David Murcia Guzmán poseía la fórmula de la 'fertilidad' de los billetes, solo que esa no es historia plausible en este país, primer productor mundial de cocaína, y no se la come nadie, aunque 'ahorradores' y autoridades se la hayan tragado entera alucinados todos por el dulce sabor del dinero fácil.
Esas ganancias no se producían en la bolsa, ni comprando todos los billetes de la lotería. El capital siempre tiende a concentrarse y solo se desmonopoliza cuando sirve una agenda superior, en este caso, la de preservar un negocio ilegal.
Murcia si acaso recicló todas las formas conocidas de lavado de activos y blindó el negocio comprando a todos los políticos y funcionarios que pudo. Nada nuevo. La fórmula mágica aquí es la de la avaricia: socializó los beneficios del narcotráfico y popularizó el testaferrato al convertir en accionistas y socios suyos a más de dos millones de personas que, junto con sus familias, podrían llegar a superar fácilmente los 6 millones de afectados, lo que alcanzaría a casi el 15 por ciento de la población del país, sin contar con los que han participado en otros 'modelos de inversión' similares.
Tanto la causada por DMG como todo el resto de crisis que se han venido en avalancha durante los últimos meses han demostrado que el Estado no solamente no puede proteger a sus ciudadanos de los hampones, muchos de ellos agentes suyos, sino que, además, hace negocios con ellos. La causa contra David Murcia no ha comenzado aún. Les anticipo que obligará a la justicia a retroceder en algunas disposiciones relativas a la persecución del delito de testaferrato y probablemente sea él quien decida el futuro del referendo si se prueba que no solo contribuyó con el transporte de las firmas a través de Trasval, compañía filial de DMG dedicada al transporte de valores, sino que, además, aportó dineros para la financiación del referendo mismo, como algunos investigadores presumen, en lo que habrá convertido al Presidente en beneficiario suyo.
La avaricia es la causa de las peores formas de maldad y la de Murcia y sus fieles nos han arrastrado a todos a una emergencia social sin precedentes, por la vía de una fórmula muy fácil de implementar en este país, en donde lo único que no se ha privatizado es la guerra y cuyos niveles de pobreza e insolidaridad expulsan de su propio territorio a los que tienen cómo irse o a la ilegalidad a los pobres que, por elección, les queda morirse de hambre.
A este paso, y si el Presidente no tiene el mínimo decoro de matar de una vez por todas ese referendo auspiciado por el lavado de dineros del narcotráfico, aun si la contribución se limita al solo transporte 'gratuito' de las firmas, habrá que aprovechar la revisión de la Constitución para simplificarla a un solo artículo que, para todos los efectos, deberá proclamar: "Aquí todo se vale. Sálvese quien pueda".
PROTESTA APARTE. Denuncio enérgicamente la política de algunas facultades, que privilegian proyectos de grado que sean rentables aunque descaradamente inútiles o perjudiciales, y desmotivan la producción de trabajos de clara vocación social, aun si son verdaderamente geniales. ¿Dónde está la responsabilidad social de la academia? ¿Qué es lo que está enseñando?
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