Las mejores innovaciones del 2017

Las mejores innovaciones del 2017

Su característica principal es que se basan en una investigación científica fundamental y profunda.

05 de enero 2018 , 12:00 a.m.

En esta época aparecen listados de los grandes logros del año pasado. La revista Scientific American y el Foro Económico Mundial se asociaron para escoger las diez innovaciones más importantes que ya terminaron sus desarrollos iniciales y están listas para ser usadas.

La primera fue el “agua hecha por el Sol”. Es una tecnología para construir equipos, potenciados por energía solar, que producen agua extrayéndola de la humedad del aire. La base es el desarrollo de un nuevo material: MOF (sigla en inglés de marcos órgano-metálicos). Es un cristal con muy grandes poros. Tan grandes que un gramo tiene una superficie interna comparable a la de un estadio de fútbol, a la que se adhieren moléculas de agua del aire. Para liberar el agua se calientan los MOF con energía solar. El prototipo, de un kilogramo de peso, es capaz de producir 2,8 litros de agua diarios, en un ambiente con humedad de apenas 20 por ciento (la de los desiertos).

Otra innovación notable fue una hoja artificial. La fotosíntesis es el sistema desarrollado por la evolución para producir moléculas energéticas (alimentos) combinando el agua con el CO2 del aire. Las plantas, en sus hojas, logran elevar el nivel de energía del agua y el CO2, que es bajo, al muy alto de los carbohidratos. El sistema parece una escalera eléctrica (en realidad, dos) que usa la luz solar en escalones discretos, catalizados por enzimas. La hoja artificial desarrollada usa catalizadores de platino acoplados a microorganismos modificados genéticamente. Mientras que la eficiencia de una hoja natural para convertir la energía de la luz en energía química es del 1 por ciento, la de estas hojas artificiales ya va en 10 por ciento. Así se construirá un sistema cerrado que produce alcohol combustible usando la luz y luego recoge el CO2 generado por los motores para producir más combustible, todo sin aumentar los gases de efecto invernadero.

Mientras que la eficiencia de una hoja natural para convertir la energía de la luz en energía química es del 1 por ciento, la de estas hojas artificiales ya va en 10 por ciento.

Del campo de la informática y la inteligencia artificial nos llega un sistema para captar imágenes e interpretarlas en forma muy precisa. Permite identificar rasgos, movimientos y situaciones que a los humanos se nos escapan. Con base en este sistema se desarrollan innovaciones derivadas. Entre ellas, vehículos muy seguros sin conductor, programas que interpretan las imágenes diagnósticas mejor que los radiólogos y un dron que detecta en un inmenso cultivo la aparición de la primera mata afectada por una plaga. El dron envía entonces señales a robots en tierra que destruyen a la plaga cuando apenas surge, mejorando inmensamente la productividad.

Por el estilo son las otras innovaciones premiadas. Su característica principal es que se basan en una investigación científica fundamental y profunda. Hace poco leía en la prensa informes optimistas sobre nuestros avances en innovación. Sin embargo, en el índice global de innovación ocupamos el puesto 65 entre 127 países en el año 2017; en el 2016, el 63 entre 128; en el 2015, el 67 entre 141, y en el 2014, el 68 entre 143.

No se ve un gran avance. Tal vez sea porque (con excepciones notables y meritorias) asumimos nacionalmente una definición light de innovación. En lugar de apuntarles a cambios radicales, que solo se dan cuando hay un apoyo decidido, estatal y privado, a la ciencia y la tecnología, nos hemos ido por el camino fácil de rebautizar lo que antes llamábamos ‘mejora’ con el nombre elegante de innovación.

Es de Perogrullo que las mejoras mejoran y que son nuevas; por lo tanto, bienvenidas. Pero no son ellas las que, en la actual economía del conocimiento, van a constituirse en el factor central de desarrollo y de generación de riqueza. Sobre todo si, complacidos con la definición light, renunciamos a la búsqueda de las innovaciones radicales, derivadas de la ciencia.

MOISÉS WASSERMAN

Columnistas

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