Donaciones aceptables, donaciones inaceptables

Donaciones aceptables, donaciones inaceptables

No sería bueno apresurarse en desechar la participación privada en campañas políticas.

24 de marzo 2017 , 12:00 a.m.

El problema de las donaciones a las campañas no es simple. Tenemos la tendencia a creer que cuando hay una irregularidad, esta se resuelve con una prohibición. Me atrevo, entonces, a prever que el escándalo de la financiación de Odebrecht (y otros) a las campañas presidenciales terminará en una ley de financiamiento de las campañas exclusivamente estatal. Ley que prohibirá las donaciones por encima de la mesa, pero que (no sé por qué soy tan mal pensado) puede ser que no disminuya, incluso que aumente, aquellas que no se declaran. Además, una ley de financiamiento que se base en la cantidad de votos que recibe determinado partido o candidato, por su propia lógica, promoverá que el futuro se parezca al pasado.

La pregunta que hay que hacerse –y que algunos no se permiten a sí mismos– es si hay donaciones privadas aceptables o no las hay. Puedo imaginar algunas razones por las que estas existen en la mayoría de las democracias. Una es que el monopolio de la financiación estatal de las campañas políticas puede, en determinadas situaciones (que han sucedido en la historia), actuar a favor del candidato oficialista.

Es posible también imaginar que alguien apoye a un candidato no porque quiera favorecer un negocio particular, sino porque quiere apoyar una visión política. Hay en eso un interés, sin duda, pero diferente. Puede haber empresarios que piensen que el Estado debe ser pequeño, con pocos impuestos para promover el crecimiento económico que redundará (en su teoría) en bienestar general. Podría imaginarse en paralelo que los sindicatos y los trabajadores apoyarían una posición opuesta, la de un Estado que promueve la equidad a través de la redistribución de ganancias por los impuestos. Pero no es blanco o negro.

Ojalá no actuemos con
la fiebre del momento y se analicen en el Congreso y en la sociedad todos los aspectos del problema. Todas las soluciones generan alguna incertidumbre.

En las pasadas elecciones en Estados Unidos, empresarios multimillonarios como Bill Gates, Mark Zuckerberg o Warren Buffet apoyaron decididamente la segunda opción, mientras que muchos sindicatos y trabajadores apoyaron la primera. Pero la condición para que estas donaciones tengan legitimidad, es que aspiren a apoyar procesos generales, no objetivos particulares. Promoverían cambios en las reglas de la sociedad, generados institucionalmente con decretos y leyes que les aplican a todos.

Podría también uno imaginar que un empresario apoya a un candidato porque anunció su intención de desarrollar un área de la economía que le abre a él posibilidades de negocio. Esta situación bordea peligrosamente los límites de lo ético. Las campañas deben suponer que los hombres no son ángeles, y entonces es su responsabilidad analizar las intenciones del donante y no aceptar a quienes no sean transparentes.

Lo que sí es absolutamente inaceptable es que un empresario done a dos campañas opuestas. No puede haber ahí el propósito de promover visión de mundo. Ese hecho solo se puede explicar con la intención de estar en buenos términos con quien sea que gane. Menos aceptable aún si es un contratante activo en el momento y si cabe la duda de que pueda lucrarse por un acceso preferencial a los proyectos estratégicos del futuro gobierno.

Ojalá no actuemos con la fiebre del momento y se analicen en el Congreso y en la sociedad todos los aspectos del problema. Todas las soluciones generan alguna incertidumbre. No sería bueno apresurarse en desechar la participación privada, que podría hacer las campañas más abiertas y participativas. Tampoco se pueden permitir situaciones en las que los intereses económicos de unos pocos definan el futuro de la nación. La responsabilidad, clara y sin matices, radica en las campañas. Sus fallas en el rechazo de donaciones malintencionadas no son solo infracciones administrativas, son transgresiones éticas graves.

MOISÉS WASSERMAN

Columnistas

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