La angustiada euforia de Davos

La angustiada euforia de Davos

Uno de los temas que dominaron esta reunión anual del foro fue el de la inteligencia artificial.

04 de febrero 2018 , 12:16 a.m.

Los ricos están más contentos que nunca. Las principales economías están creciendo, los riesgos de colapsos financieros parecen bajos, Trump redujo los impuestos, los precios de las empresas en las bolsas de valores están por las nubes y, por lo tanto, las fortunas de sus dueños y directivos, también. Por todo esto, en la reunión anual del Foro Económico Mundial que acaba de terminar en Davos (Suiza), el ambiente entre los ricos que allí asisten fue de euforia. Pero de una euforia angustiada, ansiosa. Saben que hay algo que no está bien. Mejor, muchas cosas no están bien.

La lista es conocida, y los científicos y analistas que van a Davos la recordaron. Cambio climático, guerras, pobreza y desigualdad, descontento social, terrorismo, ciberataques, malos líderes políticos y todo lo demás.

Uno de los temas que dominaron esta reunión anual del foro fue el de la inteligencia artificial. Para Sundar Pichai, el jefe de Google, “la inteligencia artificial (IA) nos va a salvar, no a destruir. Es, probablemente, lo más importante en lo que la humanidad jamás ha trabajado. Creo que la IA tendrá un efecto más profundo que la electricidad o el fuego”. Casi nada.

El optimismo de Pichai no es compartido por Jack Ma, el fundador de Alibaba, la gigantesca empresa china y el más acérrimo rival de Amazon. En Davos, Ma dijo: “La inteligencia artificial y el ‘big data’ son una amenaza para la humanidad. La IA debe apoyar a los seres humanos. La tecnología siempre debe hacer cosas que empoderen a la gente, no que la inhabiliten”. Cabe señalar que Google y Alibaba están entre las que más invierten en el desarrollo de inteligencia artificial.

Una de las sorpresas de la reunión la provocó el milmillonario inversionista y filántropo George Soros. Para él, las empresas de tecnología de información constituyen una grave amenaza contra la cual los gobiernos deben actuar de manera firme e inmediata. “Estas empresas a menudo han desempeñado un papel innovador y liberador. Pero, a medida que Facebook y Google se han convertido en monopolios cada vez más poderosos, se han vuelto obstáculos para la innovación”, dijo Soros. Y continuó: “Las empresas obtienen sus ganancias explotando su entorno. Las compañías mineras y petroleras explotan el ambiente físico; las empresas de medios sociales explotan el entorno social. Esto es especialmente nefasto porque las empresas de medios sociales influyen en cómo piensan y se comportan las personas, sin que ellas siquiera lo sepan. Esto tiene consecuencias adversas de largo alcance para el funcionamiento de la democracia, particularmente en la integridad de las elecciones. Facebook tardó ocho años y medio en llegar a tener mil millones de usuarios, y la mitad de ese tiempo en añadir mil millones más. A este ritmo, en menos de tres años Facebook se quedará sin gente a la cual convertir en usuarios. Facebook y Google controlan efectivamente más de la mitad de todos los ingresos por publicidad en internet...”.

Soros también aprovechó para denunciar su impacto en nuestras mentes y conductas: “Las empresas de medios sociales engañan a sus usuarios manipulando su atención y dirigiéndola hacia sus propios fines comerciales. Promueven deliberadamente la adicción a los servicios que brindan. Esto puede ser muy dañino, en especial para los adolescentes. Más aún, algo también muy dañino, y tal vez irreversible, le está sucediendo a la atención humana en la era digital”.

Muchos reaccionaron contra estas denuncias de Soros y otros las aplaudieron. Un ejecutivo de una de las mayores empresas en este campo me dijo que, en su opinión, Soros exagera, aunque reconoció que algunos problemas que mencionó son reales.

El impacto de las tecnologías digitales se va a acentuar y expandir. Antes, las empresas necesitaban capital financiero, capital humano, capital tecnológico y capital reputacional para tener éxito. Dinero, gente, tecnología y buena reputación. De aquí en adelante necesitarán, asimismo, de capital digital. Esta también es una tecnología. Pero, tal como lo estamos descubriendo, sus usos y consecuencias son aún muy inciertos.

MOISÉS NAÍM

Columnistas

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