Líderes sociales (El factor Santiago Nasar)

Líderes sociales (El factor Santiago Nasar)

Cada asesinato nos retrocede en la aspiración de ser una verdadera república en democracia.

02 de agosto 2018 , 12:00 a.m.

“La fatalidad nos hace invisibles”, concluye el juez instructor al final de la novela 'Crónica de una muerte anunciada'. Ante el exterminio de los y las líderes sociales, la fatalidad colombiana consiste en convertir a la población vulnerable en invisible. Si a sus líderes en vida el Gobierno Nacional no los veía, ya muertos no hay capturas reales, pues matar a “invisibles” hace invisibles a sus asesinos.

Frente a los asesinatos y las amenazas de muerte a los y las líderes sociales en Colombia, por parte de fuerzas criminales ocultas, tenemos tres puntos de reflexión y una pregunta. Los puntos de reflexión son:

- Una ciudadanía sin reacción alguna y, por el contrario, con actitud de resignación. Sin mensaje de indignación, a excepción de las víctimas y de los movimientos sociales defensores de derechos, los únicos que insisten en un cambio de actitud.

- El Estado, a través del Gobierno Nacional, presentando –sin ningún pudor– su absoluta ineficacia; tanto que ya parece “la puesta en escena de una tragicomedia vergonzosa”. La escalofriante correlación entre la impunidad rampante de los asesinatos de líderes sociales y la débil y errática implementación del acuerdo final de paz.

- Un mensaje cifrado: si los y las líderes sociales son restauradores de derechos colectivos, amenazarlos de muerte y asesinarlos significa silenciar la protesta, anular la denuncia, estigmatizar la diferencia y atemorizar a toda oposición… es, en definitiva, silenciar el país.

Si los y las líderes sociales son restauradores de derechos colectivos, amenazarlos de muerte y asesinarlos significa, en definitiva, silenciar el país.

La pregunta es: ¿cómo es que entre el Estado, la ciudadanía en general, las víctimas y los movimientos sociales, en lugar de articular esfuerzos, se repelen, se alejan y se niegan entre sí?

He aquí el objetivo final que busca el poder criminal, autor de este miedo colectivo: generar caos, inseguridad, desconfianza institucional, sospecha entre las partes, paralizar las capacidades de las fuerzas que multipliquen vida, mutilar las manos que construyen nación en democracia; dicho objetivo lo están logrando.

¿Quiénes son los que guardan silencio ante este exterminio? La sola objeción a los reclamos de las víctimas y la no participación en esta ola de protesta, que insistimos en elevar, los delatan.

La salida es la acción conjunta y concertada, esto es: cada estamento, cada sector social asume su deber de actuar en defensa por la vida, en convencerse de que en la preservación de la vida de todos está la vida de uno mismo.

En especial situación ponemos al Gobierno Nacional entrante, ya que ha manifestado ser de superior naturaleza del saliente, para que no repita su ineficacia en las investigaciones y disminuya la impunidad. Basta de tanto “Repudiamos el crimen y haremos la investigación respectiva”. Al Estado le exigimos que asuma cada amenaza de muerte con toda la seriedad y el profesionalismo ético en sus funciones; y, ante un eventual crimen, que actúe con todo el rigor y el interés sumo que sí entregaron en el caso de James Terry Watson (el agente de la DEA asesinado en Bogotá en el 2013).

Por todos es conocido lo del efecto paralizante del miedo en los seres humanos; es claro que aún nos falta mayor dignidad asociada para reaccionar y es aquí en donde nos llegan a la mente las imágenes del miedo colectivo y la inexplicable pasividad y desdén ante un asesinato al acecho que se apoderó del pueblo de Santiago Nasar que, como un espejo de la conciencia, nos dejó Gabriel García Márquez en su relato 'Crónicas de una muerte anunciada'.

¿Vivimos, ahora, a lo largo y ancho del país, el efecto Santiago Nasar? Este efecto consiste en que luego del desastre anunciado, nuestra permisividad se torna activismo frío para lamentarnos, señalarnos y aparentar hacer justicia; mientras los asesinos siguen intocables.

Cada asesinato, de líder social o no, nos retrocede en la aspiración de ser una verdadera república en democracia. Por más triunfo económico (de estilo naranja o de arcoíris salvaje) que se consiga ante la Ocde y ante la Secretaría de Estado de los Estados Unidos, por parte del nuevo gobierno nacional, nunca se logrará el reconocimiento mundial de país respetado si no se alcanza a detener esta ola de asesinatos y de violencia sistemática, cuyas fuerzas se esconden detrás de muchos proyectos públicos y de sombrías alianzas privadas.

El miedo colectivo paralizante se derrota desde una decisión concluyente: cultivar el pensamiento libre, confrontar las amenazas en conjunto, arrojar luz desde lo jurídico y revelar los rostros siniestros… que nos resultarían muy conocidos.

MIGUELÁLNGEL EPEEYÜI LÓPEZ-H.
amerindia@hotmail.com

Columnistas

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA

Ya leíste los 800 artículos disponibles de este mes

Rompe los límites.

Aprovecha nuestro contenido digital
de forma ilimitada obteniendo el

70% de descuento.

¿Ya tienes una suscripción al impreso?

actívala

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.