¿Qué le pasó a la Canciller?
Por: MAURICIO VARGAS |
El jueves, en un acto público, el presidente Hugo Chávez desató entre sus seguidores un aplauso para la canciller María Ángela Holguín, cuando relató que la ministra había salido en defensa de su homólogo Nicolás Maduro, ante las acusaciones del gobierno de Paraguay de que él había intentado promover entre los militares guaraníes un golpe para evitar el juicio con que el Congreso destituyó al presidente Fernando Lugo.
Poco le sirve a la Canciller ese aplauso: según el Gallup Poll de junio, el 79 por ciento de los colombianos tiene de Chávez una imagen desfavorable. Y menos ahora que la ministra ya no es la estrella del gabinete, como ocurría cuando todos elogiábamos su tino para mejorar las relaciones con nuestros vecinos más problemáticos. Los primeros síntomas de deterioro vinieron justamente del frente donde mejor le estaba yendo. Después de tantos gestos del gobierno colombiano hacia Caracas, Chávez respondió con la designación del general Henry Rangel como ministro de Defensa, un hombre a quien agencias estadounidenses vinculan con negocios de armas y drogas de las Farc.
No fue un acto amistoso, pero la Canciller calló, y entonces quedó en evidencia que la explicable táctica inicial de apaciguar al vecino se convertía en estrategia. No se trata ya de tener tranquilo al teniente coronel para lograr que pagara millonarias deudas que Venezuela tenía con exportadores colombianos. Ahora tenerlo tranquilo es el fin último, algo que hay que conseguir a cualquier precio, incluido el de guardar silencio ante los campamentos de las Farc en territorio venezolano, que sirven de guarida, entre otros, a 'Timochenko', jefe del grupo terrorista, y de base para planear secuestros y ataques a territorio colombiano.
Luego vino la Cumbre de las Américas en Cartagena, que no dejó casi resultados y quedó empañada por el episodio de las prostitutas con los agentes del servicio secreto de Barack Obama. El episodio desencadenó una primera deslenguada de la Canciller: "Donde hay un hombre, hay prostitución", generalizó la Ministra en tono inesperado para una diplomática. Más allá de su aventurada teoría, Holguín se disparó en el pie, pues le subió el perfil al caso de las prostitutas que, con ello, terminaron de comerse la cumbre.
A pesar de lo mal que le salió, a la Ministra le quedó gustando el tono coloquial. Días más tarde, le metió el diente al pleito entre Colombia y Nicaragua en la Corte Internacional de Justicia de La Haya. Con la idea de vacunarse frente a cualquier resultado aunque sea mínimamente adverso en el tema de San Andrés, los cayos y la frontera marítima con Nicaragua, Holguín advirtió que a veces los jueces de La Haya adoptan decisiones "salomónicas". La vacuna que quiso aplicarse la enfermó, pues, aparte de la lluvia de críticas que recibió, es fácil imaginar el disgusto que produjeron esas declaraciones entre los miembros del tribunal internacional, que de seguro piensan que ellos fallan en derecho y no de manera acomodaticia.
Otras dos maniobras le han salido regular a la Canciller. Unasur es una: el organismo impulsado por Chávez y al que ella le ha dado tanto respaldo divulgó un documento que afirma que Colombia es quien lidera la carrera armamentista en la región, y no Venezuela. ¿Cómo ocurrió eso? Colombia reveló la verdad, mientras Venezuela la ocultó. Y la otra, los coqueteos con la campaña, también liderada por Venezuela y a la que se han sumado Bolivia y Ecuador, contra la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Una cosa es que la Comisión sea objeto de controversia, y otra muy distinta, que Colombia se ponga del lado de esos gobiernos para desconocerla y hasta acabarla. Por momentos, la Canciller luce dispuesta a acompañar a Chávez hasta la tumba. La pregunta es si se enterrará con él.
Mauricio Vargas
mvargaslina@hotmail.com
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