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¡Ese muerto no lo cargo yo!

Aun si todavía respira, es evidente que el proyecto de referendo para que los colombianos decidan si Álvaro Uribe puede aspirar a un tercer mandato está agonizando. Después de dos meses de mamar gallo, la Comisión Primera de la Cámara por fin lo aprobó, aunque la fórmula que acordó sólo permite que el Presidente sea candidato en el 2014, después de cuatro años alejado del poder. A mí, esa idea me gusta más que la de una nueva reelección inmediata, pero me pregunto seriamente si, en caso de que el proyecto supere la fila de obstáculos que le quedan, habrá quien salga a votar para posibilitar que Uribe aspire a un tercer mandato cuatro años después. El referendo necesita más de siete millones de votos y no veo de dónde van a salir esos sufragantes para un tema tan eventual y remoto.

Pero aun con la aprobación de la semana pasada, al proyecto le faltan tres duros debates: uno en la plenaria de la Cámara y dos más en la comisión y en la plenaria del Senado. Si a sus promotores les va bien, saldrá aprobado de Cámara antes de fin de año y llegará al Senado a mediados de marzo, cuando el Congreso vuelva a sesionar. Tomará entonces uno o dos meses para convertirse en ley. Luego, el Procurador tendrá hasta 90 días para conceptuar sobre su validez, y la Corte Constitucional, hasta seis meses más. Con suerte, el referendo podría ser convocado para principios del 2010, a pocas semanas de la elección presidencial. ¿Tiene eso sentido?

No. Y me temo que la mayoría de quienes aún lo apoyan son conscientes de ello. ¿Por qué no lo dicen con franqueza y dejan a un lado ese embeleco, que tantas energías políticas consume? Porque nadie quiere declarar la muerte oficial de la iniciativa y cargar con el cadáver. Ni los promotores de la idea, que saben que tienen su cuota grande de culpa: redactaron mal el texto de la pregunta, de modo que Uribe sólo puede ser candidato cuando haya gobernado por dos períodos, cosa que no habrá terminado de hacer cuando llegue la fecha de la elección presidencial del 2010. Eso para no hablar de las dudas que han surgido ahora con la financiación de la recolección de firmas, donde ya asomó la sombra siniestra de DMG.

Tampoco lo quieren enterrar los uribistas del Congreso, entre quienes hay muchos que no desean otro período de Uribe. Aspiran a una nueva barajada de cartas para abrir el juego a presidenciables como Germán Vargas, Juan Manuel Santos y otros más, que ya tienen muchos seguidores en el Capitolio. Sueñan con todo eso, pero no quieren ser los directos culpables de desconectarle la máquina de respiración artificial al comatoso referendo. Incluso en las toldas opositoras hay antirreferendistas vergonzantes. Muchos liberales votaron en la Comisión Primera a favor de la idea, con la fórmula para el 2014, porque no quieren que les digan que le niegan la posibilidad al pueblo de decidir sobre el asunto.

La verdad es que nadie quiere cargar con el muerto por temor a quedar mal ante la opinión. Hay una sola persona que podría hacerlo: el presidente Uribe.

Está a tiempo de decirles al Congreso y al país que en Colombia hay mucho lío -la violencia que ha cedido mucho pero no ha cesado, la economía afectada por el derrumbe de las bolsas mundiales y de las 'pirámides' locales, un invierno récord que ya deja 700.000 damnificados, la incertidumbre en las relaciones con Washington, en fin- y que en esos temas hay que concentrar las energías. Quedaría como un estadista y podría incluso negociar una reforma política en el Congreso que le permita volver al poder en el futuro. Al fin y al cabo, carece de sentido que en el 2010 Uribe se convierta en el único ex presidente con la reelección prohibida, mientras otros ex mandatarios, entre ellos algunos que casi acaban con el país cuando gobernaron, tienen la puerta de la reelección abierta.

mvargaslina@hotmail.com

Mauricio Vargas

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