Los desvaríos de Almodovar
Por: MAURICIO LAURENS |
Pedro Almodóvar retoma esta vez, en tono serio, la tragicomedia sexual.
Giros románticos perversos, o deliciosamente monstruosos, con intrigas retorcidas y personajes delirantes, que portan en sus genes la crueldad española y cierta complacencia en quebrantar caducas normas sociales. Superestrella y viejo chico terrible, venerado en Cannes y Los Ángeles, Pedro Almodóvar también se ha ganado el desprecio en algunos círculos envidiosos. Adicto a colores fuertes, autor melodramático de relatos enrevesados, legendario director de mujeres y poseedor de un sublime estilo cursi (o kitsch). En 30 años nos ha brindado parodias de melodramas criminales y ambigüedades eróticas, rasgos pasionales y recuerdos vagos de perfiles excéntricos. Esta vez, en tono serio, retoma la tragicomedia sexual.
Al contrario de anteriores divertimentos, La piel que habito incursiona en el fatalismo ataviado de mentiras, dualidades sentimentales y mentes transexuales. Con las experimentaciones de un cirujano plástico -Tarántula, esteta obsesionado-, aplica el cuero artificial para atrapar las interioridades o pasados de sus víctimas. Un Frankenstein moderno, que recubre los cuerpos con pellejo sintético y moldea superficies a su antojo contra la voluntad de sus "oscuros objetos del deseo". Desengaños amorosos y turbios recuerdos conducentes a crímenes inesperados; detrás del mero asunto pasional, y de complicidades o antagonismos, sujeto a las leyes del despecho, la venganza y otras individualidades miméticas.
Amores imposibles de recuperar, generadores de odios insostenibles; vacíos y abusos regidos por hilos invisibles, dominados a través del rencor, y las soluciones irreversiblemente autodestructivas. Son actos pasionales extraídos quizás del novelón, pero bañados en el sarcasmo de quien asume las leyes ocultas que rigen los deseos más entrañables. Juegos caprichosos y tramas tendenciosas o desdobladas, que reconfirman su genialidad mediante recreaciones variopintas que desbordan la gama de pasiones sadomasoquistas heterosexuales, transgenéricas y particularmente homosexuales.
Si los buenos títulos dicen mucho, en desorden la totalidad de sus 18 largometrajes. La piel que habito, Carne trémula, Entre tinieblas, Volver, Ley del deseo, La flor de mi secreto, La mala educación, Los abrazos rotos, Laberinto de pasiones, Tacones lejanos, Kika, Hable con ella, Todo sobre mi madre, Mujeres al borde de un ataque de nervios, Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón, Matador, ¡Átame! y ¿Qué he hecho yo para merecer esto?
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