¿Qué más, sí o no?

¿Qué más, sí o no?

Curiosamente, junto a esta epidemia de la muletilla de síes y noes de la charla cotidiana, vive el país un momento de sí o no de serias consecuencias para su futuro.

12 de septiembre 2016 , 07:30 p.m.

Las muletillas en el lenguaje suelen ser exasperantes, sobre todo para energúmenos como yo. Me aburren tremendamente aquellas personas que cada cinco segundos preguntan ¿y qué más?, cuando ya se ha respondido que bien, mal o regular. Últimamente, en conversaciones de tienda y en charlas con taxistas, he visto un aumento exponencial en el uso del ¿sí o no? tras haber aseverado algo, sin importar el tema.

Nairo es un verraco, ¿sí o no?, me dice el taxista. Pékerman la embarró, ¿sí o no?, señala un contertulio de café. James es el mejor del mundo, ¿sí o no? Y así sucesivamente, día a día, somos emplazados de manera inconscientemente agresiva a aceptar o no, sin matiz alguno, una afirmación.

Y curiosamente, junto a esta epidemia de la muletilla de síes y noes de la charla cotidiana, vive el país un momento de sí o no de serias consecuencias para su futuro. La semana pasada oí y leí con atención diversas entrevistas relacionadas con el acuerdo de paz; o sea, indirectamente con el sí o el no. Todas ellas con personajes clave en la discusión. Resalto la claridad y consistencia de Humberto de la Calle, quien no rehuyó ninguna pregunta y demostró su conocimiento –por lo demás obvio–, pues ha estado sentado allí desde el inicio de la tortuosa negociación. Asimismo, excelentes, claras y lúcidas las contundentes entrevistas en favor del acuerdo de los generales Alberto José Mejía y Javier Flórez.

Debo decir, sin embargo, o más bien, con embargo, que la entrevista relativa al mismo tema, concedida por Álvaro Uribe Vélez a la W, un día después de la ya citada a De la Calle, fue, en todo sentido, perfectamente lo contrario. Claridad, ninguna; evasivas, siempre, a lo que ya nos tiene acostumbrados. Amenazas iban y venían, que Daniel Ortega, que El Salvador, que el castrochavismo, que la impunidad... eran sus respuestas a preguntas concretas sobre puntos específicos.

Me temo que la argumentación sobre la impunidad no tiene nada que ver con la de las Farc, más bien se trata del temor de que se acabe la impunidad propia.

Nota: mucha gente se queja de que el tono de la discusión haya subido. No veo por qué. Para mí, es mejor que el tono de la voz suba y que el ruido de las balas baje.

Mauricio Pombo

Columnistas

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