No entiendo el no

No entiendo el no

Hace 51 años no se registraba un tan bajo número de víctimas, combatientes muertos o heridos y de acciones militares, tanto de guerrilla como de Fuerza Pública.

01 de agosto 2016 , 07:03 p.m.

Hay quienes estamos por el sí, otros tantos cabalgan con su pocillo en la mano por un radical no y tantos más están con el sí pero no. Difícil. Una amnistía, otorgarles perdón y olvido a Uribe, Ordóñez, Londoño Hoyos, José Obdulio, etc., aliviaría el camino a la paz.

“Desde el 20 de julio del 2015 hasta el 20 de enero del 2016 se redujeron en 97 % las acciones ofensivas de las Farc y bajó en un 73 % el número de combates entre guerrilla y Fuerza Pública”, afirma la redacción política de El Espectador.

Y agrega que el Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos (Cerac) entregó un reporte del comportamiento del conflicto armado en los últimos seis meses, desde cuando las Farc y el Gobierno acordaron desescalar los operativos ofensivos. La conclusión es contundente: hace 51 años no se registraba un tan bajo número de víctimas, combatientes muertos o heridos y de acciones militares, tanto de guerrilla como de Fuerza Pública.

¿Por qué la persistencia de algunos en el no? Alegan impunidad y otras tantas cosas más que no paso a enumerar. Tengo claro que tras la firma de la paz –si se da– no se acabará la violencia. Siempre y cuando la droga (léanse marihuana y coca) siga siendo ilícita, el narcotráfico continuará siendo un desmedido negocio; los males que van de su mano (violencia, muerte, corrupción y tantos otros) perdurarán en el tiempo.

Se trata de una caja de Pandora o de un monstruo de mil cabezas que se puede abrir en el primer caso, o que puede perder diez o cien de ellas y siempre tendrá otras que las reemplacen. Algo así como las lagartijas, que pierden la cola pero la pueden regenerar. O como las culebras, que cambian una y otra vez de piel. En el caso del narcotráfico, definitivamente no hay duda alguna de que nadie es irreemplazable.

Para los pequeños criminales, los capitos y los guerrilleros de segunda línea, la muerte de sus jefes, en lugar de producirles escarmiento, es motivo de profunda alegría, pues les sirve de apoyo para continuar ascendiendo en sus ‘carreras’.

Nota: en estos días se publicaron dos cartas: una de Humberto de la Calle y otra del expresidente Andrés Pastrana. En la primera encuentro claridad y coherencia. Sobre la segunda no puedo decir nada, pues es oscura y desligada.


Mauricio Pombo

Columnistas

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