La cara oculta

La cara oculta

La impunidad es la cara oculta de la corrupción. Sin dar la pelea contra ambas, la lucha está perdida de antemano.

30 de enero 2017 , 06:19 p.m.

Sin tener idea de hasta dónde puedan llegar ni qué tan profundo puedan ahondar, tanto la Fiscalía como la Contraloría y la Procuraduría se han abanderado de la lucha contra la corrupción. Néstor Humberto Martínez, Edgardo Maya Villazón y Fernando Carrillo Flórez, sin muchos dientes, pero con buenas intenciones, han optado por ponerle algún freno a esta enfermedad endémica del país.

Decía yo en mi columna del 2 de enero de este año: “... así como Pastrana ganó las elecciones al prometer la paz y Uribe hizo lo propio ofreciendo la guerra, no me cabe duda en cuanto a que el próximo presidente será aquel que esgrima de manera más creíble acabar con la corrupción. Se dirán muy seguramente mentiras, pero, igualmente, habrá de ser lo único que aportará votos, pues la guerra o la paz como promotoras de votos han llegado a su fin. Hay que buscar la harina en otro costal. Y ese indudablemente es el de la corrupción, la mayor causante de indignación entre la gente de todos los estratos, pues, además, va ligada con el tema de los impuestos y otras amarguras más”.

Y así fue, tal cual. Este es el tema, la bandera y también la trampa, pues a los corruptos los tiene sin cuidado que los tres mosqueteros arriba mencionados anuncien medidas contra la corrupción. Ellos bien saben que la impunidad se compra, esa impunidad que, de manos de los jueces de la república y de la justicia en general, viene campeando en el país. La impunidad es la cara oculta de la corrupción. Sin dar la pelea contra ambas, la lucha está perdida de antemano.

Si bien tenemos a los tres mosqueteros ‘aparentemente’ luchando contra el flagelo, hay que cubrir a todo el sistema judicial de mosquiteros que dificulten la llegada de los aguijones de la corrupción a sus despachos. Y no lo veo fácil. Es tal la millonada de pesos que se lleva la corrupción que con un ínfimo porcentaje de lo robado se paga cualquier juez para lograr casa por cárcel, vencimiento de términos y ese otro infinito etcétera de las mañas abogadiles.

En las próximas elecciones se pescará en el río revuelto del animalismo, la homofobia y la corrupción. Entre animalistas y evangélicos se consiguen votos y en contra de la corrupción, ¡ni hablar!

Nota: no creo que Donald Trump termine su mandato.

Mauricio Pombo

Columnistas

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