¡Gracias a Dios!

¡Gracias a Dios!

¿No sería mejor hacer algo más concreto en términos de solidaridad que sencillamente orar y rezar?

26 de septiembre 2017 , 12:00 a.m.

Por estos días, cuando están ocurriendo tantos desastres naturales: terremotos, huracanes, más terremotos y otros tantos huracanes más, se repite aquello del gracias a Dios.

Me salvé, gracias a Dios, dice un sobreviviente de un accidente aéreo, cinco muertos en accidente de tráfico y el sobreviviente dice lo mismo. Miles de muertos en un terremoto y quienes logran salir de los escombros, gracias a la ayuda de los rescatistas, repiten: ¡me salvé, gracias a Dios! Me pregunto en serio: ¿y los muertos son gracias a quién? ¿Será gracias a Satanás o su alias Belcebú?, que con ello demostrarían ser más poderosos que Dios. O ¿será Dios? Pero, por qué, si somos sus criaturas.

Dele gracias a mi Dios, también se oye reiteradamente cuando, por alguna razón –gracias al azar, diría yo–, se salva uno de una tragedia.

Recemos por México, leo en Facebook; oremos por las islas del Caribe, tuitean muchos. ¿No sería mejor hacer algo más concreto en términos de solidaridad que sencillamente orar y rezar?

Desastres naturales siempre los ha habido y no son castigo de ningún Dios. Lo nuevo es la velocidad con que nos enteramos

Dios se lo pague, responde el pordiosero (el término –por Dios ero– surgió en la Edad Media y comenzó a utilizarse para hacer referencia a aquellos individuos que se ganaban la vida pidiendo limosnas a los demás, ya que estos utilizaban la coletilla ‘por Dios’ con cada petición: ‘Deme una limosna, por Dios’). ¿Será que sí me lo paga? Si me lo pide por él, por qué no se lo pide a Él.

Recurrente es también oír: la Biblia lo dice claramente, para con ello evitar cualquier discusión de fondo. Así como afirmar que el hombre (el ser humano) es enemigo de la naturaleza, cuando es claro que hacemos parte de ella.

Desastres naturales siempre los ha habido y no son castigo de ningún Dios. Lo nuevo es la velocidad con que nos enteramos. En el año 1138, en Siria, 200.000 víctimas. Año 1201, Egipto, miles de miles de muertos. Año tras año, desde entonces y mucho antes.

Samuel Rosales, en su columna del excelente portal El diablo viejo: “¿No sería más inteligente para la preservación del género humano que en vez de creer que estamos a merced de unos dioses caprichosos e inmaduros tuviéramos más cuidado de no elegir a personas caprichosas e inmaduras para desempeñar el cargo más poderoso del planeta?”.

MAURICIO POMBO

Columnistas

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