¿Demasiado pedir?

¿Demasiado pedir?

Una aterradora epidemia ha invadido al idioma español. Los verbos poseer, colocar y escuchar han reemplazado de manera dramática a los tradicionales tener, poner y oír.

13 de febrero 2017 , 07:28 p.m.

Siento mucho recaer en temas ya tocados, pero debo volver a ellos porque me lastiman los oídos los políticos, los locutores y muchos periodistas, tanto de radio como de televisión. Una aterradora epidemia ha invadido al idioma español, representada de manera grave, claro está, en los gremios ya mencionados.

La pelea contra el dequeísmo y el mal uso del verbo haber las he dado por perdidas. Ahora enfrento uno algo más reciente. Los verbos poseer, colocar y escuchar han reemplazado de manera dramática a los tradicionales tener, poner y oír. Padezco de misofonia, “trastorno psiquiátrico que consiste en la falta de tolerancia a los sonidos cotidianos producidos por el cuerpo de otras personas, como comer, sorber, toser, masticar, o también por sonidos producidos al utilizar ciertos objetos, los cuales pueden desencadenar ansiedad y conductas agresivas”, a lo que yo agregaría el tener que ‘escuchar’ ciertas palabras en el lugar equivocado. Así como me ensoberbece demasiado el mal uso del adverbio demasiado. ¿Demasiado pedir?

Cito a continuación al académico y gran escritor Javier Marías: “¿Qué ha sucedido para que en el español de hoy todo se “escuche”, hasta las cosas más grotescas y menos escuchables?” y añade más adelante: “Oír” y “escuchar” se pueden usar indistintamente en algunas –pocas– ocasiones. Se puede oír o escuchar música, la radio, una conferencia, un discurso. Pero ni siquiera en esos casos los dos verbos son absolutos sinónimos. “Escuchar” implica siempre duración y deliberación. Es decir, que lo escuchado no sea efímero y que por parte del oyente haya voluntad de atender, de prestar cierta atención, aunque sea distraída. “Oír” no implica por fuerza ninguna de esas dos cosas, más bien presupone involuntariedad”.

Así pues, a la frase “estaba viendo una película, cuando oí un disparo en el vecindario” no le cabe el verbo escuchar. Tengo rabia y ella me posee, no lo contrario, y muy pocas veces coloco cosas en su sitio. Ver y mirar también encierran sutilezas como las que hay entre escuchar y oír. Ver un atardecer es como oírlo, mirarlo es escucharlo.

De tal manera, ver y mirar, oír y escuchar, y tener y poseer son tres parejas de verbos que, si bien emparentados, tienen diferencias agudas y otras veces sutiles. Oír a Trump es inevitable; escucharlo, imposible.

Mauricio Pombo

Columnistas

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