Del mareo al vómito

Del mareo al vómito

De domingo a domingo, una semana de montaña rusa, de vértigo en vértigo.

10 de octubre 2016 , 07:18 p.m.

Las alturas y las profundidades en la filosofía resultan ser difíciles de diferenciar. ¿Acaso las alturas representan luz y claridad? ¿Y las profundidades solo oscuridad y tinieblas? Seguramente nunca lo sabré. De lo que sí estoy seguro es que desde niño les tengo pánico a las alturas. Y lo digo literalmente, me siento muchas veces incapaz de cruzar un puente peatonal, me da vértigo. Mi temor llega a tal punto que ni siquiera puedo ver las alturas en una película, bien sea en la pantalla grande o en la televisión.

Sí, sufro de acrofobia (miedo a las alturas) y de batofobia (temor a las profundidades), sobre todo en el último caso, cuando las profundidades son estrechas. O sea, padezco de vértigo hacia arriba y hacia abajo. Por ello, nunca en mi vida me he subido a una montaña rusa, que para mí es casi lo mismo que una ruleta ídem. No me siento capaz de sentarme en un avión al lado de la ventana y les tengo pánico a los precipicios. Así mismo, la estrechez de un túnel y la profundidad de una caverna me dan pánico.

Lo que no sabía era que la misma sensación se podía vivir a través de las noticias; o sea que las palabras podían producir lo mismo. Y eso fue lo que ocurrió la semana pasada. De domingo a domingo, una semana de montaña rusa, de vértigo en vértigo. Desde el no al plebiscito hasta las declaraciones del señor Uribe en cuanto a sus exigencias en torno a los acuerdos, pasando por las marchas por la paz, las aterradoras declaraciones del gerente del No y el premio Nobel de la Paz –incluyo, y quizás de manera frívola, el agónico triunfo sobre Paraguay–. Una semana de vértigo. La única noticia que hace falta es la legalización de la droga, esa igualmente necesaria para consolidar un definitivo fin de la violencia. Siete días de continuo mareo, como ya lo expresaron de diferentes maneras diversos columnistas llamados de opinión.

Mientras tanto, lo demás, lo cotidiano, sigue igual o, como decía un amigo, más igual que antes. La corrupción rampante y galopante, otro ítem de solución urgente. Corrupción pública y privada, una versión oscura de las asociaciones público-privadas. La policía vacunando a los pequeños vendedores de comida y a los conductores. Del mareo al vómito.

Mauricio Pombo

Columnistas

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