¡Cónchale vale!

¡Cónchale vale!

Falcón, Táchira y Lara, bien pueden convivir con Boyacá, Cundinamarca, Antioquia y Santander.

15 de agosto 2017 , 12:00 a.m.

He estado en Venezuela muchas veces, algunas durante varios meses. Se trata de gente maravillosa, con maduras y dios dadas excepciones, miscelánea curiosa e interesante de caribes y llaneros, de la cual se deriva ese musical acento que los caracteriza, mezcla de son cubano con arpa llanera. Alguna vez escribí que nuestros desparpajados y frenteros costeños, comparados con los venecos –y lo digo con cariño–, parecían unos solapados y fríos cachacos.

Hoy vivo o revivo a Caracas, Maracaibo, Barinas, Cabimas, Valencia, Barquisimeto, Naguanagua o Guasdualito (por mencionar unas pocas) en Cedritos, que bien ya podría llamarse Cedrezuela o Caracasditros. Estoy en contra de los pequeños brotes de xenofobia que ya se viven en el barrio, que, si bien no son alarmantes, pueden llegar a serlo. No me molestan las banderas colombianas con estrellas en la franja azul que se ven en el parque a dos cuadras de donde vivo, en el parque de las Ramblas. En Cedrezuela, además de lo nuestro, como las deliciosas arepas rellenas que vende el amigo Nelson, hoy se consiguen hallacas, cachapas, pabellones, tequeños y la maracucha macarronada.

A los xenófobos les cito algo –para su tranquilidad– que los venezolanos dicen de sí mismos: “¡El venezolano es más! Cuando estamos en Maracaibo queremos ir a Mérida, cuando estamos en el Pico El Águila queremos ir a Tucacas, cuando estamos con la familia queremos irnos lejos y cuando vivimos en otro país queremos volver y estar con la familia. ¿Quién nos entiende? Pues, ¡así somos todos!”.

Falcón, Táchira, Lara, Guárico y Monagas bien pueden convivir con Boyacá, Cundinamarca, Bolívar, Antioquia y Santander.

Vale cónchale; qué hago, pana, me caen bien los chamos, los catires, el bululú, el guáramo e, incluso, me divierte su manera de hablacionar. Bienvenidos todos ellos, que tan bien nos recibieron. Monserrate y el Ávila pueden convivir.

Termino con una canción de Piero: “Caminando por Caracas / la gente me saludaba y andaba / yo levantaba mi mano de hermano / y Caracas me abrazaba... a mí.
Mira qué color, Caracas, / qué calor en tus mujeres, Caracas, / qué ritmo tienen tus calles y valles / que se mueven, que se mueven... así.


Caracas, Caracas, el Ávila, el Guaire / el Pulpo, la Araña, tu Sabana Grande / ya los siento míos, ya los siento míos”.

MAURICIO POMBO

Columnistas

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