Cómo Europa puede salvar el acuerdo nuclear con Irán

Cómo Europa puede salvar el acuerdo nuclear con Irán

Gobiernos europeos han reunido a ritmo frenético medidas para dar respuesta a inquietudes de Trump.

07 de mayo 2018 , 12:28 a.m.

Esta semana una alta autoridad alemana me señaló que “el acuerdo nuclear con Irán es la última barrera que evita que las tensiones militares en la región más combustible del mundo acaben en una guerra termonuclear”. Es una forma de expresarse inusualmente apocalíptica, pero refleja un genuino temor a que el presidente estadounidense Donald Trump desmantele una línea de defensa crucial que los alemanes y otros europeos se enorgullecen de haber creado.

Los líderes europeos han estado en una situación dificultosa desde enero, cuando Trump les dio el 12 de mayo como plazo para “corregir los terribles fallos del acuerdo nuclear con Irán”, o de lo contrario reimpondría las sanciones contra ese país. Las principales objeciones de Trump al acuerdo son el que no aborda las tretas y golpes bajos de Irán en la región o su programa de misiles balísticos, ni evita que reinicie su programa nuclear después de 2025. Y ahora que Trump ha nombrado un nuevo equipo de política exterior de línea dura, con John Bolton como asesor de seguridad nacional y Mike Pompeo como secretario de Estado, los diplomáticos europeos se temen lo peor.

En los últimos meses, los gobiernos alemán, francés y británico han reunido a un ritmo frenético un paquete de medidas (que cubren, entre otras, sanciones a las élites iraníes) para dar respuesta a las inquietudes de Trump. Y tanto el presidente francés, Emmanuel Macron, como la canciller alemana, Ángela Merkel, han visitado la Casa Blanca para persuadir a Trump de que es mejor usar el acuerdo como base que ponerle fin.

En el corto plazo, los europeos esperan que las medidas que han propuesto permitan a Trump declarar la victoria y, al mismo tiempo, permanecer en el acuerdo. Le han recordado que una solución diplomática a la crisis nuclear de Corea del Norte bien podría depender de si abandona unilateralmente los compromisos estadounidenses con Irán alcanzados en el Plan Integral de Acción Conjunta (JCPOA, por sus siglas en inglés).

Sin embargo, en el largo plazo la capacidad de los líderes europeos de salvar el acuerdo dependerá de en qué medida logran actuar según sus propios intereses, en lugar de ser rehenes de los caprichos de la administración Trump.

No deja de ser apropiado que este asunto haya venido al primer plano internacional cerca del quinceavo aniversario del inicio de la Guerra de Irak. Para los diplomáticos europeos, ese desastre y el éxito del JCPOA han venido a representar dos extremos de la política exterior. Irak fue la hora más oscura de la Europa posterior a la Guerra Fría, en que los países europeos se enfrentaron para apoyar o rechazar la guerra, a pesar de que ninguno tenía una influencia real sobre las decisiones de Estados Unidos.

En cambio, el JCPOA luce como un brillante ejemplo de éxito de la moderna Europa. Ansiosos por evitar otra guerra en el Oriente Próximo, a partir de 2005 los europeos comenzaron a definir sus propios intereses en la región. Con el doble objetivo de evitar que Irán desarrollara armas nucleares y evitar otra guerra, idearon varios palos y zanahorias para dar forma a las acciones que adoptaran Irán y Estados Unidos.

Los diplomáticos europeos ofrecieron a Irán la opción entre dos futuros: uno en el que congelara su programa nuclear y pusiera fin al aislamiento internacional, y otro en que mantuviera su programa y enfrentara sanciones cada vez más duras, y posiblemente una guerra. Al mismo tiempo, habiendo convencido a Rusia y China de que apoyaran esta estrategia, ofrecieron a EE. UU. otra difícil decisión: unirse a una coalición internacional para aplicar una presión diplomática concertada a Irán, o impulsar medidas militares de dudosa eficacia por su propia cuenta.

Hoy en día las metas generales de los líderes europeos en Oriente Próximo son reducir la intensidad de la lucha entre Irán y Arabia Saudí por la hegemonía regional, impedir la proliferación nuclear, combatir el terrorismo y limitar el flujo de refugiados que se dirigen a Europa. Pero muchos de estos objetivos están siendo socavados activamente por la administración Trump, que ha convertido en espectáculo su colaboración con Israel y Arabia Saudí contra Irán en los conflictos regionales, como Yemen, Irak, el Líbano y Siria, entre otros.

Los diplomáticos de algunos estados de la UE han comenzado a preocuparse de que los intentos por aplacar a Trump les obligue a tomar posiciones contraproducentes, repitiendo la relación entre el primer ministro británico Tony Blair y el presidente estadounidense George W. Bush en 2003. Como me confesara un funcionario, la introducción de nuevas sanciones dificultará aún más el compromiso de Irán con el JCPOA, por no hablar de hacerlo partícipe de negociaciones en torno a otros asuntos regionales.

Sin embargo, hasta ahora el enfoque europeo se ha calibrado cuidadosamente para convencer a Trump y mantener el compromiso de Irán con el acuerdo. Resulta innecesario decir que esto exige un delicado equilibrio. Si los europeos otorgan demasiado a Trump, estarán siendo juguetes de los halcones estadounidenses.

Al mismo tiempo, fortalecerán a los de línea dura en Irán. En una entrevista reciente, el politólogo de la Universidad de Teherán Nasser Hadian me dijo que los líderes iraníes moderados, como el presidente Hassan Rouhani y el ministro de Exteriores Javad Zarif ya han quedado en una posición debilitada en que los halcones les reprochan no haber hecho caso de sus advertencias. En opinión de Hadian, el mayor peligro es que Europa intente apaciguar a Trump “a cualquier costo”, cuando debería estar trabajando “en un plan B para salvar el acuerdo sin Estados Unidos”.

Entre otras cosas, un plan B ofrecería a Irán un plan B si Estados Unidos volviera a imponer sanciones, sujeto a que siga cumpliendo con el JCPOA, y sentaría las bases para una estrategia más amplia de integrar a Irán y otros actores relevantes para reducir la intensidad de los conflictos regionales. Por supuesto, sería mejor para todos si Trump accede a no renunciar al acuerdo nuclear. Pero para persuadirlo de ello, Europa debe demostrar que está dispuesta a seguir por su cuenta.

Para tal fin, Trump debe enfrentar una disyuntiva clara: o conservar el JCPOA a cambio del apoyo europeo en los problemas regionales y el programa de misiles de Irán, o desechar el acuerdo y arriesgarse a perder la cooperación europea y alentar el surgimiento de un Irán nuclear. Como lo expresara mi interlocutor alemán: “Hay que decirle a Trump que no se puede tener el oro y el moro”.

MARK LEONARD
Director del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores.
Copyright: Project Syndicate, 2018.

www.project-syndicate.org

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