Un matrimonio indispensable

Un matrimonio indispensable

La noticia del presupuesto es que suben los gastos de funcionamiento en un 6,3 %.

20 de agosto 2017 , 12:45 a.m.

“Optimismo sin triunfalismo”, recomienda al Gobierno en materia económica Ricardo Ávila en su editorial de ‘Portafolio’. Que el ministro hable imbuido de un “positivismo humilde” que nos permita a los colombianos ver los verdaderos elementos para calificar la situación real de la economía del país.

Entonces: sin dar rienda suelta a los catastrofismos, ¿cuál debería ser el modo de responder de los colombianos ante los resultados económicos? ¿Comprensivos sin bajar la guardia? ¿Moderadamente esperanzados? ¿Nerviosos ‘light’ o nerviosos ‘full’? En fin: ¿podemos seguir durmiendo tranquilos ante la forma como al Gobierno se le vienen desbaratando sus expectativas económicas, hasta situarlas en la triste meta del 2 % de crecimiento, que es todo a lo que le apunta el ministro de Hacienda para finales del año, en el colmo de su optimismo?

Primero conocimos que la expansión del PIB había sido del 1,1 % en el primer trimestre del año. Nos prometieron todo tipo de mejoras, adjudicándoles el fracaso a razones de clima. Pero no mejoró mucho el segundo trimestre: 1,3 % entre abril y junio. Por lo menos el PIB no siguió bajando, aunque su recuperación haya sido tan insignificante. Y ahora nos anuncian que las expectativas de este gobierno son de 2,4 % para el tercer trimestre y de 2,8 % para el cuarto.

A factores como agua o sequía, como explicación oficial, se han venido sumando hoy otras causas que hacen muy improbables tales metas: mal desempeño del sector minero-energético (según Ecopetrol, el oleoducto Caño Limón-Coveñas lleva dos meses sin operar por culpa de 38 atentados del Eln). Un cuasi colapso empresarial, especialmente en sectores como el textil, agobiados por los aranceles y el contrabando. La construcción, que se esperaba creciera al 30 %, solo lo hizo al 11,4 %. En eso influye la falta de confianza de la ciudadanía. La disposición del colombiano a comprar casa bajó del 5,4 al -9 %; la confianza para adquirir vehículo también está en negativo, -50 % (dice una encuesta de Yanhas que el 91 % de los colombianos no aprueban el manejo económico que se le está dando al país). Y en cuanto a la infraestructura, el programa de concesiones viales se enlagunó; al que hasta el año pasado fue motor de la economía, la inseguridad jurídica lo tiene frenado. A los bancos no les pagan, y el escándalo Ruta del Sol II es una buena razón para la prudencia a la hora de ofrecer financiación o de salir a buscarla. Para que el Gobierno logre cumplir su meta anual, este sector tendría que crecer en más del 10 % en el último trimestre. Pero lo esperable es que, más que por kilómetros construidos o puentes elevados, las noticias de la infraestructura en el próximo semestre correrán por cuenta de las que den la cantidad de personas del sector que van a terminar en la cárcel por corrupción.

La única variable que más o menos promete funcionar bien es la rebaja en las tasas de interés, aunque escucho a mucho economista perplejo de que sus efectos todavía no se hagan notar en el consumo.

Y ahora pasemos al presupuesto del 2018, que el Gobierno tasa en 235,6 billones de pesos (¡cuán pobres somos, teniendo en cuenta que Bill Gates tiene 85.000 millones de dólares!). La noticia es que subirán los gastos de funcionamiento en 6,3 %, de manera que 149,3 billones de pesos irán a alimentar la burocracia estatal y, por lo tanto, no habrá mayores recortes del gasto público, como nos lo había prometido este ministro de Hacienda. Siguen los viajes, las numerosas comitivas, los contratos administrativos, el pago a los ‘enmermelados’ asesores de la paz y las almendras. Mientras tanto, el rubro de inversión decrecerá, comparado con el del año pasado, en 16,8 %, situándose en la menguada cifra de 34,2 billones, con 5,5 billones menos para invertir. Esa es la realidad que va a encontrar el próximo gobierno.

Por eso, desde ‘Iván Márquez’ hasta lo más preciado y admirado de nuestra nómina de campeones deportistas se preguntan: ajá, ¿y nosotros de qué vamos a vivir?

Respuesta que tarde o temprano oirán del Gobierno: si escasamente nos alcanza para funcionar y cambiar las cortinas, dejen de ser pedigüeños y váyanse a buscar plata a otro lado. Ah. Y que los investigadores ni vayan a arrimar por Palacio a preguntar las mismas bobadas. Plata no hay. Y aquí no se fía.

Entre tanto... No me gustan los eclipses de Sol. Son lo más parecido al fin del mundo.

MARÍA ISABEL RUEDA

Columnistas

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