Trancón de candidatos

Trancón de candidatos

A todo esto habrá que sumarle el cruce ocasional de simpatizantes.

16 de julio 2017 , 12:39 a.m.

Nunca en la historia de Colombia había habido una lista tan grande de aspirantes presidenciales a la primera vuelta como esta que va a presentarse para las elecciones del 2018.

Prácticamente cada partido tendrá por lo menos dos candidatos: el de adentro y el de afuera, el que buscará registrarse por firmas. Tratemos de enumerarlos a todos para poderlos clasificar.

El Partido Liberal tiene a Humberto de la Calle por dentro y seguramente a Viviane Morales, a Juan Manuel Galán y a Piedad Córdoba por fuera, recogiendo firmas, y van dos. El Partido Conservador tendría a Marta Lucía Ramírez por dentro y a Alejandro Ordóñez por fuera, y van cuatro. El Polo tiene a Robledo por dentro y a Clara López por fuera, y van seis. ‘La U’ probablemente tendrá a Roy Barreras por dentro y a Juan Carlos Pinzón por fuera, y van ocho. Los ‘verdes’ tendrán a Navarro o Claudia López por dentro y a Fajardo por fuera, y van diez. Petro se inscribirá por firmas, y van once; Vargas Lleras, por Cambio Radical, y van doce. Más “el candidato que diga Uribe” (esto se volvió un eslogan), y van trece; si es que las Farc no deciden ir con candidato propio a primera vuelta, con lo cual completaríamos la cifra récord de 14 candidatos; o de 15 si es cierto que por las Fuerzas Militares en retiro planea lanzarse el excoronel Carlos Alfonso Velásquez. O 16 si el general Mendieta se lanza por un eventual partido de víctimas de las Farc. Dieciséis candidatos, y aún contando, que se encontrarán en primera vuelta, si no aparecen más espontáneos. Lo cual muy seguramente determinará que los dos candidatos que ganen y pasen a la segunda vuelta no podrán hacerlo con algo más del 15 por ciento de los votos por cada uno de ellos.

Eso explica por qué para la segunda vuelta serán absolutamente necesarias las coaliciones y las alianzas, los pactos y hasta las mangualas.

A ese respecto, ¿qué se ve en el panorama? Que la posibilidad de una coalición de derecha, que ya está armada entre Uribe y Pastrana, hoy es mucho más sólida, aunque no sea tan claro cuál será su candidato, que una coalición de izquierda que también intenta armarse por ahí y tiene muchos más precandidatos de dónde escoger, pero donde están más divididos.

No veo ninguna posibilidad, por ejemplo, de que Robledo y Clara López o Robledo y Petro se encuentren de socios en la misma alianza de izquierda. Tampoco es claro si Fajardo, quien exhibe ya gran seguridad en la consolidación de su figura de candidato, la ponga en riesgo aceptando medirse en una consulta, como ya se lo han propuesto Navarro y Claudia López; esta última, una precandidata que gusta mucho pero también asusta un poco. En el centro quedarían dos candidatos que tampoco se ve claro con quién van a jugar: Germán Vargas Lleras, con muy buen posicionamiento, pues en varias de las encuestas ya aparece con el 15 por ciento necesario para aspirar a no ahogarse en la primera vuelta y además con partido propio y maquinaria, pero que no tiene aliados. El otro es Juan Carlos Pinzón, quien no figuraba en el radar de los colombianos antes de su distanciamiento con el Gobierno, pero que después logró que durante varios días se hablara de él, lo cual no hubiera podido hacer “sin sacar lo peor de sí mismo”, como se lo reprochó tan hoscamente el presidente Santos.

Y a todo lo anterior hay que sumarle el cruce de simpatizantes. Es decir, los deslices. Puede haber uribistas y hasta conservadores que quieran votar por Viviane Morales no por liberal, sino por cristiana; o liberales que quieran votar por Clara López no por liberal, sino por izquierdista; o gente de ‘la U’ y de los liberales que quiera votar por Germán Vargas no por ser de Cambio Radical, sino por liberal; o simpatizantes de todos los partidos que quieran votar por Uribe no por uribistas, sino por oportunistas, al ser bastante claro que, por lo menos hasta hoy, alrededor de la mitad de los votos del pastel electoral es capaz de ponerla el grupo del expresidente.

Total: candidatos presidenciales hay para botar pa’ lo alto. Lo que no es tan claro será cómo lograrán acomodarse, apilarse, cruzarse, imbricarse, conglomerarse, hermanarse, porque los intereses políticos existen, incluso las ideologías (aunque menos), pero definitivamente las vanidades, también.

Entre tanto... ¿Lula, a pesar de su condena, insiste en ser candidato presidencial en el 2018? Me suena, me suena...

MARÍA ISABEL RUEDA

Columnistas

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