Que decida el rey Salomón

Que decida el rey Salomón

Estamos entre un mandatario que dice haber hecho la paz y otro que asegura que no está consolidada.

17 de diciembre 2016 , 11:08 p.m.

La diplomacia vaticana tiene fama de ser una de las más finas y articuladas del mundo. Por eso ha sorprendido que en Venezuela no logró una solución mediante el diálogo, sino que en términos reales las cosas empeoraron para la oposición. Maduro obtuvo un segundo aire que le permitirá ganar tiempo para que el referendo revocatorio en su contra quede para el año entrante y cada vez más se acerque a la fecha de su salida institucional del poder. Pero, además, la diplomacia del Papa deja a la oposición venezolana totalmente desarticulada. Lo de Venezuela, en fin, parece un serio traspié papal. Pero lo de Colombia no se queda atrás.

Los resultados de esta operación organizada el viernes de esta semana, con el concurso del nuevo procurador, Fernando Carrillo, para llevar ‘fast track’ a Uribe a Roma, con los buenos oficios del cardenal Parolin y con la generosidad del empresario Luis Carlos Sarmiento, que prestó su avión para que Uribe ascendiera a las puertas del cielo, quedaron en el limbo.

Uribe se lleva lo suyo: ir a una incierta reunión de última hora, con olor a encerrona, donde efectivamente se encontró con el Papa y con el nobel Juan Manuel Santos (por ratos Presidente de Colombia). En esa reunión, el Papa elevó a Uribe a la categoría de antagonista validado. Hasta donde nos fue posible interpretar, existen posiblemente reservas del Papa ante el trámite y el proceso político del acuerdo de paz; que hay que considerar los argumentos de Uribe porque el Papa lo reconoce como interlocutor y por eso le proporciona un escenario mundial para que ratifique sus puntos de vista. Y por ello, una reunión de dos jefes de Estado la volvió inusualmente una de tres personas, con el antagonista de uno de ellos a bordo.

La diplomacia vaticana se mueve dando signos, y este fue uno de ellos: la paz de Colombia necesita a Uribe. Las preocupaciones del sumo pontífice no son difíciles de adivinar: que la polarización en Colombia está creciendo y que tal y como quedó pactada la paz está montada sobre un mecanismo imperfecto y frágil, porque no consiguió la legitimidad política que garantizaba su continuidad.

Pero ahí el Papa se estrella contra un muro. Es previsible que Uribe pidiera ante el santo padre que los autores de delitos de lesa humanidad no quedaran impunes, y que no terminen sin pagar alguna pena en el jolgorio político. Y que ante ello, la respuesta de Santos haya sido que eso está pactado y que es irreversible.

Ante lo cual supongo que el Papa, impotente, les dio la bendición y les deseó la mejor de sus suertes.

A los pocos minutos, el Vaticano expidió un comunicado que parecía escrito hace tres días. Dice que el Papa recibió a sus dos invitados para realizar “un diálogo sincero ante el histórico momento que vive el país, que les habló de la importancia de la cultura del encuentro, y que subrayó la importancia de la unidad entre las fuerzas políticas colombianas. Y del empeño de la Iglesia en la reconciliación y la educación del perdón y la concordia”.

En las explicaciones de cada uno, Uribe no aceptó ninguna influencia papal sobre sus posiciones. Mientras tanto, el presidente Santos dijo haber ofrecido con toda generosidad espacio en la implementación del acuerdo para ventilar las diferencias políticas sobre lo pactado. Pura paja. Al acuerdo no se le podrá cambiar ni un solo renglón.

De paso, para ahondar la confusión, hay que felicitar a la Corte Constitucional. Qué genialidad la de su fallo. Nadie lo entendió, pero se trataba de eso. Siendo lo suficientemente borroso, equívoco, ambiguo, difuso e indeterminado, indujo al Gobierno a reclamar el triunfo y al Congreso, a interpretar sus instrucciones de manera risible; la Cámara, con una proposición que avala la proposición anterior. El Senado meterá en la ley de indulto un artículo sobre el ‘fast track’ para que todo se apruebe en paquete.

Me gusta que el Papa haya medido de cerca nuestra fragilidad. Estamos entre un mandatario que asegura haber hecho la paz de Colombia y otro que insiste en que no está consolidada.

Su santidad, papa Francisco: aquí no podemos hacer como en el juicio del rey Salomón, que propuso partir el niño en dos. El proceso de paz no aguantaría la prueba.

Entre tanto... Vamos a almorzar a la cárcel de mujeres de Cartagena con Johana Bahamón. Recomiendo el ceviche de mango con pesca del día y vegetales de la huerta, la posta cartagenera y ‘mousse’ de zapote.

MARÍA ISABEL RUEDA

Columnistas

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