Primeras mentiras

Primeras mentiras

La Fiscalía no puede abandonar esta investigación, tirada en el Consejo Electoral, donde morirá.

13 de febrero 2017 , 10:33 a.m.

El fiscal Martínez hizo lo que tenía que hacer, a pesar de todas las críticas absurdas de que afectó el prestigio del Presidente sin tener las pruebas de que, efectivamente, un millón de dólares de la multinacional más corrompida de los últimos tiempos entraron a su campaña.

El problema es que Odebrecht, la misma fuente de los recursos que envenenaron la campaña de Óscar Iván Zuluaga, es la misma de los dineros que, según el señor Otto Bula, se pagaron a la campaña Santos Presidente. ¿Cómo podía el Fiscal tramitar las primeras denuncias, que acabaron con las posibilidades presidenciales de Zuluaga, y esconder las segundas? Martínez se habría caído del cargo. Juiciosamente, elaboró un comunicado resumiendo lo que hasta ahora se sabe del ‘Uribrecht’ y del ‘Nobelbrecht’, y lo puso en conocimiento de la opinión.

En su primer comunicado sobre el caso Santos, utilizó con mucho cuidado la palabra ‘habría’ para referirse a una hipótesis que está apenas bajo investigación: que Odebrecht le habría entregado un millón de dólares al gerente de la campaña de Santos, Roberto Prieto.

Puede que pruebas no haya todavía, pero indicios graves sí. Otto Bula, el calanchín contratado para hacer el soborno, dio coordenadas de tiempo, modo y lugar en donde se habría hecho esa entrega. Al otro día, Roberto Prieto y su amigo Andrés Giraldo –seguramente ante la posibilidad de que todo ello haya quedado grabado en una cámara del hotel– tuvieron que salir a reconocer que el lugar existe, que la reunión sí se dio, pero que era para pedir un favor de un acueducto y no para entregar una plata.

Vicky Dávila reveló en su programa de La W el viernes que, según Bula, la persona que le cuadró la reunión con Giraldo, el íntimo amigo de Prieto, fue el entonces presidente de Odebrecht, Antonio Martorelli. Él le dio el teléfono de Giraldo para que lo contactara y le entregara el millón de dólares para Prieto en dos contados, y en dos reuniones.

Sobre la primera de ellas, ya Prieto y Giraldo aceptaron que reunión sí hubo, aunque difieran en el propósito. Sobre la segunda reunión, Giraldo tiene “una laguna”. A ‘Semana’ le dijo: “No me acuerdo de una segunda reunión. Pero si la hubo, era para entregarme el famoso proyecto del acueducto”. A Blu Radio le dijo: “Sé que luego él me dio unos papeles sobre ese supuesto acueducto de Honda”. Es un indicio fuerte de que Giraldo miente; de que aunque no la recuerde, sí hubo una segunda reunión, con lo que las versiones de Bula vuelven a cuadrar. Al igual que mintió sobre la persona que le cuadró la cita con Bula en el hotel, que no fue “un amigo hijo de un exvicepresidente de Bancafé”, como inicialmente se lo dijo a los medios, sino ni más ni menos que el entonces presidente de Odebrecht Colombia, señor Martorelli.

Lo que sí no comparto con el valiente fiscal Martínez es que el investigador natural de este caso sea el Consejo Nacional Electoral. Su función llegará solo hasta abrir los libros de campaña y mirar que cuadren las cuentas de la plata que entró sobre la mesa. Y claro que cuadrarán. Pero aquí estamos averiguando es por la plata que entró debajo de la mesa.

La Fiscalía no puede abandonar esta investigación tirada en el Consejo Electoral, donde morirá. Porque aquí ya hay un clarísimo caso de lavado de activos de un dinero que “se monetizó”; es decir que entró a Colombia del exterior sin ser declarado oficialmente. Podría haber enriquecimiento ilícito. Podría haber falsedad documental por omisión de recursos. Podría haber fraude procesal, porque en caso de volarse los topes, una campaña no puede cobrar la plata de reposición del Estado. Y podría haber cohecho.

¿Por qué siento que esta película ya la vi? Porque decir que la reunión convocada por Bula con Giraldo no era para entregar un soborno, sino para pedir el favor de un acueducto, es equivalente a las primeras mentiras que sacaban los parlamentarios en la época del 8.000. Que esa plata que les había entrado no venía del narcotráfico, sino de la venta de un cuadro o de un tapete de la casa.

Nunca en Colombia se han vendido ni se venderán más cuadros ni más tapetes en vísperas de unas elecciones. Lo mismo que aquí: nunca había existido un acueducto tan apetecido. Ni el alcalde de un pueblo muerto de sed hace tanta vuelta en un hotel de Bogotá.

Entre tanto… Una de cuatro. O Bula se robó la plata. O se la robó Giraldo. O se la robó Prieto. O fue utilizada para pagar compromisos de la campaña.

MARÍA ISABEL RUEDA

Columnistas

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