No caer en lo bizantino

No caer en lo bizantino

Las armas que hoy tiene la ONU son las que las Farc, con un poco de presión, quisieron entregar.

02 de julio 2017 , 01:13 p.m.

La discusión de si las armas que entregaron las Farc son todas las que están o si, por el contrario, no están todas las que son es la más bizantina. No hay nadie que tenga certeza acerca de cuántas son, incluso, por los vasos comunicantes de la delincuencia. Ni las Farc.

Por ejemplo, tres meses antes de la entrega final, el Presidente había dicho en un tuit: “Ya se tiene un inventario de 14.000 armas de las Farc que próximamente pasarán a manos de @MisionONUCol para garantizar una paz estable”. Luego corrigió y dijo que había citado una cifra equivocada. Se la había dado nadie menos que el propio general Flórez, negociador de La Habana. En el mismo mes, el Ministro de Defensa manejaba su propia cifra: “11.000 de estas armas son fusiles”. Según el comisionado de Paz, Sergio Jaramillo, la cifra aterrizó en 7.300 armas, fruto de información de desmovilizados de las Farc y los computadores incautados. Pero, según Álvaro Uribe, los militares en su tiempo decían que las armas de la guerrilla eran 40.000, y se pregunta dónde están los fusiles enviados por el exministro peruano Vladimiro Montesinos.

Luego viene la nueva explicación del ministro Villegas: “Las Farc han dejado, se les ha incautado y han entregado más de 50.142 armas entre el 2002 y el 2017”.

El presidente Uribe debería ponerse feliz con esa información. Porque acredita, ni más ni menos, que el éxito de su política de seguridad democrática está medido por ese número de incautaciones durante un lapso que incluye sus ocho años de gobierno, o sea que con la colaboración del presidente Uribe, las Farc fueron reducidas de 42.000 armas en uso a 7.000. Y al revés: si Uribe analiza incrédulamente esa cifra, es porque su gobierno entonces no tuvo ese grado de efectividad. Le conviene creerles al presidente Santos y al Ministro. Entre otras razones, por el número de caletas reportadas. Según un confidencial de Semana, el valor de lo contenido en la primera caleta avaluada por Indumil era de 4.000 millones de pesos (valor publicado en edición impresa es equivocado). Si eso se multiplica por 900, no estamos hablando de una guerrilla, sino de un ejército muy poderoso, capaz de hacerle mucho daño al país durante muchos años más.

A estas alturas de tantas cifras bailando, voy a decir algo que suena extraño: lo de menos es cuántas armas entregaron las Farc. Desde luego, nunca puede restársele importancia a que un número cualquiera de armas salga de circulación en la delincuencia, en este caso 7.132; pero ningún número, ni 5.000, ni 15.000 ni 30.000 armas que hubieran podido haber entregado las Farc son las que van a garantizar que cumplirán con su compromiso de reincorporación desarmada a la vida civil.

Por una razón: porque, como lo dice muy claro el comisionado de Paz, Sergio Jaramillo, los que cumplen lo pactado no son las armas, son los hombres.

Las armas que hoy están en poder de las Naciones Unidas son sencillamente las que las Farc, con un poco de presión, quisieron entregar. A eso llamamos el 100 por ciento, Dios mediante, como dice el presidente Santos, aunque estrictamente no lo sea. Aventurarse con otro número corre el peligro de caer en el ridículo, como es notorio por el resumen que escribí arriba.

Podríamos quedarnos años discutiendo si las Farc se guardaron unas armas. La respuesta es que sí, para la mayoría de colombianos. Pero, suponiendo que las hubieran entregado todas, salvo las pocas que quedarán para proteger sus asentamientos, es absolutamente ingenuo pensar que cualquiera de esos hombres no está en capacidad de reemplazar su arma en el momento en que se le antoje, en un mercado inundado de armas por el narcotráfico y la minería ilegal.

Por eso, en aras de que este proceso avance, propongo que nos saltemos la discusión de las armas. Ya ocurrió, y debemos darle el valor que tiene: un acto histórico simbólico. Más que el número de lo entregado, a mí me parece mucho más importante y de mucho más valor que 7.000 hombres estén diciendo en público, después de firmar su compromiso, que están jugados con abandonar la guerra, y lo que tiene menos valor es la carreta de las 7.132 armas recibidas.

Estos señores se han comprometido a no matar más colombianos, y a lo que tenemos que tratar de creerle es a lo que dicen. Porque el día que no quieran cumplir, las armas las tienen a la vuelta de la esquina.

Entre tanto... Necesitamos la columna, las costillas y la cabeza de Néstor Humberto Martínez para aclarar el atentado del Andino.

MARÍA ISABEL RUEDA

Columnistas

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