Moisés y la mala racha de Fajardo

Moisés y la mala racha de Fajardo

Dice mucho que no fuera al debate de Canal Capital. Prefirió refugiarse en ‘Hora 20’.

12 de mayo 2018 , 10:44 p.m.

Dicen que los debates no sirven para nada porque no cambian el voto de quien ya se decidió. Y hasta se quejan de que en esta campaña ha habido demasiados.

Ni lo uno ni lo otro. No solo los debates son la prueba de esfuerzo de la democracia, sino que esta racha de debates presidenciales ha revelado cosas de los candidatos que para bien o para mal no pueden menos que dejarnos pensativos.

A este respecto, la semana que pasa fue mala para Sergio Fajardo. Dice mucho que no fuera al debate de Canal Capital. Seguramente fue superior el pudor de que él sabe muy poco sobre Bogotá, aunque en esta plaza se le quiere. Prefirió refugiarse en ‘Hora 20’. Allí, Diana Calderón, de la manera más pertinente, le preguntó al ‘candidato de la educación’ qué opinaba del paro de maestros que dejó a 7 millones de niños sin colegio 2 días. Respondió que a los maestros se les han incumplido los compromisos, pero reconoció que no tenía ni idea de cuáles eran esos compromisos. Además, en el debate de Teleantioquia, se dejó liquidar de Iván Duque con la hábil pregunta de: “¿qué piensa hacer usted para desarrollar los mercados de capital en Colombia?”. Respondió hablando de emprendimiento social basado en el modelo “los cerezos” (centros de emprendimiento zonal). Ante la perpleja insistencia de Duque sobre una respuesta que nada tenía que ver con la pregunta, Fajardo respondió: “Convocaremos a la inversión en los diferentes frentes” y “habrá que revisar cómo está funcionando la bolsa de valores”.

De la Calle se ha mostrado tolerante y amable, y no se deja sacar de casillas. Solo se ha salido del cuello cuando provocadoramente le preguntó a Germán Vargas sobre transfuguismo, olvidándose de que fue impulsor del movimiento liberales con Pastrana y fundador en contra del liberalismo, su partido, de Cambio Radical, y de que en esta campaña no hizo sino pedir albergue donde los ‘verdes’ y el Polo con Fajardo. Pero se equivoca con su insistente ejemplo de una señora que lo abordó en Bogotá para decirle que a ella no le importa lo que pase en el Caquetá, “con tal de que a su hijo no lo atraquen para robarle el celular”. A la pobre señora la descalifica explicándole que cualquier hijo de los actuales desplazados puede ser el atracador del suyo. Con lo cual no solo aleja a las ciudades de la solidaridad con la paz, sino que constriñe a los desplazados al destino de ser los atracadores urbanos.

Vargas lo pone a uno nervioso porque nunca le alcanza el tiempo que le dan para la respuesta. Tiene tantas cosas que decir sobre su programa de gobierno que no logra responder en los dos minutos reglamentarios, a riesgo de pasar por maleducado. Sin embargo, se nota que se siente tan cómodo en los debates que por fin está dejando asomar su divertido humor cachaco que le abona a lo demás.

Petro, por su parte, dejó la silla vacía en el debate de Teleantioquia, un territorio que no le es propicio. Al igual que con los medios, a los que no contesta regularmente las preguntas del día, sabe que le es más cómplice la plaza pública, donde nadie lo confronta o lo cuestiona. Allá puede echar sus mentiras sobre aguacates y paneles solares. Su última prueba en plaza pública fue presentarse como Moisés. “El pueblo huyó del faraón hacia la libertad y decidió partir las aguas de la historia”. Habrá quien se lo crea.

Iván Duque ha demostrado que es mejor cuando no está libreteado y dice mirando a la cámara, “yo quiero ser su presidente”. Le conviene más cuando lo sorprenden en arenas movedizas en las que le toca improvisar su chispa. Cuando De la Calle resolvió tutearlo en el debate de ‘El Heraldo’ y la Uninorte, Duque le respondió hábilmente con otro tuteo, evitando con habilidad que lo humillaran por su juventud. Capotea con donaire toda pregunta sobre sus orígenes políticos con Santos, y pone en su lugar a todo el que lo provoca sugiriendo que será un títere de Uribe.

Quedan pocos debates. Ojalá que el del director de este diario, el jueves 24, a su usanza, sin chicharras, permita, como no ha sucedido en otros debates, que los candidatos hagan uso racional del tiempo en sus respuestas. A ver si Vargas por fin lo logra.

Entre tanto… Que le den gusto a Petro en invitar una veeduría internacional para las elecciones. ¡Así, después no podrá decir que se las robaron!

MARÍA ISABEL RUEDA

Columnistas

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